A nuestros lectores...

Mano a Mano se ha enriquecido, hoy presentamos gustosos a nuestra nueva pluma: Pedro Julio Jiménez Villaseñor, esperamos que sea de su agrado y lo disfruten tanto como nosotros.



Un olé para todos.



Pasifae y El Zubi

miércoles, 10 de febrero de 2010

LA FRIALDAD DE LA SOLEDAD EN UNA TARDE DE CALOR


Por Pedro Julio Jiménez Villaseñor

Son las doce del día, la temperatura es alta, la habitación del hotel esta a media luz, las cortinas cerradas, el silencio impera y no es para menos, en ella esta adormilado, nervioso y solo, un joven que busca conciliar el sueño que parece una misión imposible, dormir a estas horas es solo buscar un escape o refugio para ordenar sus sentimientos, divagar e idealizar en un futuro en el cual ha de interiorizarse en unas pocas horas mas.
Una de las sillas a un lado de la cama esta cubierta con la elegante ropa de luces, un capote de paseo y debajo de esto unas lustradas zapatillas. Al lado opuesto se ve improvisado un pequeño altar, diez, quince, imágenes, un vaso que guarda una veladora que espera ser encendida, muy junto la espuerta con el fundón de las espadas y un botellón de cristalina agua.
Nunca las manecillas del reloj han caminado tan lento, tanto que parece el tiempo se ha detenido, suele suceder ciertos domingos.

El joven abre sus ojos, mira al techo fijamente, trata de ordenar sus ideas, por su mente pasan imágenes de su niñez, habla en silencio con sus padres, con sus pequeños hermanos, recuerda a la novia, entabla un monologo con Dios, no es posible todo a la vez, prefiere intentar dormir por enésima ocasión.
Sus amistades y allegados están presentes en los corrales de la plaza de toros, el ritual del sorteo es costumbre se lleve a cabo cuatro horas antes del inicio del festejo y así conocer lo que el destino les va a deparar horas más tarde. Les gusta el castaño, numero 88, capacho, con 480 kilos según el peso que registró al salir de la ganadería, un jirón que pueden aparejar al hacer los lotes, la corrida es pareja, bonita y de buena procedencia, le tienen fe. Uno de ellos señala el herrado con el número 65, otro mas comenta que lo que les depare la suerte es bueno, el encierro es bonito en general.
A solo unos pasos de ahí se cuelga en las taquillas el cartelillo consagratorio, el de... “Agotado el boletaje”.
El día es soleado, sin aire, los aficionados atiborran los pasillos de los corrales, algunos niños corretean por el ruedo ya soñando con imitar a sus ídolos, fuera del coso los olores de ricas fritangas se va mezclando con el de los habanos de quienes escudriñan y fisgonean entre los puestos de revistas, de souvenirs, curiosidades y recuerdos.
Fotos viejas que recuerdan a las grandes figuras, las historias que los jóvenes desconocen y afortunadamente todavía por esos lugares se pueden rescatar, en la portada de una de ellas se ve a don Juan Silveti con enorme puro entre los labios, a los hermanos Juan y Zenaido acompañando a su menor hermano Fermín dando la vuelta al ruedo en el viejo Toreo de la Condesa, a un elegante Alberto Balderas posando en una foto de estudio, todo es de colección, todo quiere uno llevarse a casa pero seguidamente los propietarios les ponen precios muy altos, se escucha de continuo... “ahí pa´lotra”, nunca llega la otra, es mejor el gasto ya efectuado y estar presente en la corrida de este día.
En el interior todo son buenos deseos, “suerte” por todos lados y los torileros comienzan a solicitar que abandonen el lugar, inicia el enchiqueramiento.
Apoderados, subalternos, ayudas y amistades de los toreros comienzan a abordar sus respectivos vehículos, la gran mayoría va por el mismo rumbo.
La habotación permanece en tinieblas, el joven torero no ha podido conciliar el sueño pero su mente comienza a notar un cambio, mas frío que tan solo hace una hora, no tiene mas reloj que el biológico y este no falla, es sabio, un verdadero genio, comienza a avisarle que pronto el apoderado abrirá la puerta, le seguirá el mozo de espadas y una pequeña comitiva de amigos, todos de confianza, entraran y en sus rostros reflejaran sin falla lo que en el sorteo les ha correspondido, retoma la platica silenciosa con Dios y los Santos de su devoción, aun metido en cama siente que sus manos y rodillas tiemblan, necesita una palabra que lo vuelva a la realidad, solicita a las alturas no le permita ver ni de lejos el fracaso, que si sus carnes son abiertas sean cuando este triunfando, vislumbra esos aun cercanos años de penurias, de ir de pueblo en pueblo toreando por las monedas que los aficionados arrojaban a los despintados capotes y hoy, hoy en especial quería ser un triunfador, hoy es una fecha muy señalada en su vida.
Ruidos se comienzan a escuchar por el pasillo del hotel, poco a poco las voces son más claras y oye perfectamente como por la cerradura introducen la llave para pasar a la habitación, entra primero “Piolin”, el mozo, que de inmediato recorre las cortinas, chorros de luz entran encandilando a quien de la cama se levanta, frente a el don Rafa y don Manuel que a bocajarro se lo dicen.
“Te haces matador con el 88, capacho, castaño y tu segundo es el 65, ni a cual irle, ambos son bonitos”, interrumpe “Piolin”.
“Al agua que es la hora”.
Las gotas que emanan de la regadera disimulan otras, las lágrimas de la emoción, las lágrimas de los toreros valientes y que también lloran cuando el sentimiento lo tienen a flor de la piel y que por cierto eso calma los nervios... Nos Vemos.

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