A nuestros lectores...

Mano a Mano se ha enriquecido, hoy presentamos gustosos a nuestra nueva pluma: Pedro Julio Jiménez Villaseñor, esperamos que sea de su agrado y lo disfruten tanto como nosotros.



Un olé para todos.



Pasifae y El Zubi

domingo, 18 de abril de 2010

SEVILLA: UNA MANSADA DE GAVIRA DESLUCIÓ LA 9ª DE FERIA


Sábado  17 de abril. 9ª de Feria. Plaza de la Maestranza: lleno hasta la bandera. Se lidiaron 7 toros de la ganadería de Gavira (encaste Jandilla, Conde de la Corte, Pablo Romero y Domeqc), mansa, sin fuerza y muy descastada. El segundo toro fue devuelto a corrales por falta de fuerza y hubo que echar un sobrero de la misma ganadería. Corrida bien presentada. Abrieron plaza: Morante de la Puebla (silencio y silencio), Alejandro Talavante (fuerte ovación y saludo desde el tercio y aplausos y saludo desde el tercio) y Daniel Luque (silencio y silencio).
Por El Zubi
Contar en una crónica taurina que el quite que Daniel Luque le hizo al primer toro de Morante de la Puebla, ha sido lo único destacable de la tarde, da una idea de por donde han ido los tiros en la 9ª de Feria en la Maestranza. Aunque si hay que buscar triunfadores habría que señalar a Alejandro Talavante, pues fue fuertemente ovacionado y obligado a saludar desde el tercio en su primero y casi lo mismo en su segundo. Y es que el encierro de hoy mas  que de toros ha sido de bueyes pues el que no era manso era mas flojo que una tuerca suelta y el que de entrada se mostraba bravucón cuando llegaba a la mitad de la lidia cantaba la gallina y salía corriendo buscando la puerta para volverse a su casa, allí a la dehesa gaditana, donde vivía muy bien con su pienso, con sus vacas y los aires de la marisma y el salitre del mar lejano y marinero. En fin un desastre de corrida por culpa de los toros, pues ni el mas crítico podrá decir que los tres toreros no vinieron con ganas a su cita con Sevilla.
Morante de la Puebla, hizo lo que pudo y no tuvo en su primero ni siquiera opción a darle ni un muletazo. El toro de salida huyó de la pelea y no quería ni ver ni a los capotes ni al caballo. Tuvo por tanto una lidia muy difícil. En la muleta topaba mas que embestía. Visto lo visto, Morante no lo dudo ni un segundo y se fue por la espada y lo despacho con una estocada trasera. A su segundo, de nombre “Tomatero” le dieron dos buenos puyazos en el caballo, pues salió de chiqueros con mucho genio, y diciendo aquí estoy. Daba tornillazos, no humillaba y salía rebrincado  de los engaños. Aunque los hubo, pudimos ver pocos detalles a Morante, que se esforzó tragándole con valentía a este toro manso como todos sus hermanos. Morante es un torero que da gusto verlo andar por la plaza. Al menos nos premió con dos tandas con la izquierda que se tragó el toro aguantándole los cabezazos hasta que se fue por la espada y tiró por la calle de en medio con media estocada y tres descabellos.
Alejandro Talavante, pecó en su primero, que era el más potable, de permitir que lo lidiaran tan malamente. Baste decir que desde la salida, ponerlo en el caballo y el tercio banderillas el toro recibió más de cuarenta capotazos. Ocurrió lo esperado… que el toro llegó a la muleta con la lengua arrastrándola por los suelos y sin fuerza. No obstante se llevó tres buenas tandas de derechazos y un pase redondo invertido surgido al tardear por la izquierda. En ese momento de la faena, el toro “Canterero” un negro meano de 540 kilos, comienza a sentir nostalgia de la dehesa y a mirar a las tablas y a apagarse como una vela. Talavante lo mando al otro mundo de una estocada que le valió una floja petición de oreja, fuerte ovación del público y saludo desde el tercio. Igual de mal lidiado su segundo toro, aunque este fue manso pues salía de la muleta huyendo como si Talavante fuera Satanás y oliera a azufre. El toro, al igual que sus hermanos, añoraba los aires de la dehesa gaditana donde nació. Quería volverse a casa por las buenas, sin peleas con nadie.   No obstante el torero de Badajoz logró sacarle algunos pases pegadito a las tablas donde pudo por fin hacer a media faena.   Tres estocadas tres descabellos y un aviso, valieron para que el aburrido publico sevillano lo premiara con aplausos que el torero agradeció desde el tercio.   
Con Daniel Luque más de lo mismo al primero de su lote, muy protestado por el público, lo echaron para atrás por falta de fuerza pues perdía las manos con mirarlo. Le sacaron al sobrero, de nombre “Oprimido”, el mas grande de todos con 590 kilos, negro bragao y meano y fue un toro sincero desde la salida. Descompuesto en el capote, muy justito de fuerza  y manso de solemnidad como sus hermanos de camada. Fue un toro que salía desentendido del capote y que no quería ver al caballo ni en pintura, a tal extremo que el picador tuvo que hacerle la “carioca” para poder picarlo. En banderillas salía de la suerte con un trotecillo cochinero que daba pena. Daniel Luque comenzó su faena con la izquierda y el toro salía de la muleta dando cabezazos y con la lengua que le llegaba ya al suelo. No transmitía nada a pesar del esfuerzo del mairenero, tal fue la cosa que el publico aplaudió al torero cuando se dirigió a las tablas a por el estoque y se decidió a matar a este marrajo. Estocada y silencio sepulcral. En realidad Daniel Luque ya no necesitaba ni orejas después de la fortísima  ovación recibida por el quite que le hizo al primero toro de Morante: dos verónicas y una media de antología que le devolvieron las ánimos perdidos en Madrid al sevillano hace unos meses.
A su segundo Luque lo toreó muy bien con el capote acompañando la embestida del toro hasta el final con su cuerpo. Lo llevó al caballo por chicuelinas muy despacito. Su subalterno Mariano de la Viña demostró su maestría con la buenísima lidia que le hizo a este toro, de nombre “Cantarero”, pero ya se sabe: “tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”  y “Cantarero” comenzó a sacar lo que tenía dentro que era mas cobarde que el malo de la película y que lo que le apetecía era volverse también a la dehesa gaditana con sus hermanos, a pastear allí con las vacas y a oler los aires de la lejana Bahía de Cádiz, que allí llegan con unos aromas especiales. El toro protestaba en cada muletazo y le decía al torero que lo dejara en paz.. que dos no se pelean si uno no quiere y que él se quería volver por donde había venido. Daniel Luque, que estuvo toda la tarde dispuesto, con ganas y valiente entró a matar con una estocada en todo lo alto con la que “Cantarero” estaba a los pocos segundo con las patas por alto, y cogiendo el sueño eterno de su dehesa. Una corrida de bueyes mansos  para olvidar, y les voy a decir una cosa para terminar: que  ayer… Dios tampoco tuvo ganas de bajar a la tierra a merendar y tomarse un chocolatito calentito con churros…y ya se sabe, si no hay un toque divino en esto… aquí no se puede ver torear. Mañana mas.
 


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