jueves, 24 de junio de 2010
VENGA! LA INFANTA TORERA...
Elena de Borbón en la boda de Victoria de Suecia y Daniel Westling... Un mensaje claro de su afición por los toros.
lunes, 12 de abril de 2010
EL TORERO ANTONIO MARQUEZ Y LA ARTISTA CONCHITA PIQUER VIVIERON HASTA EL FINAL UN AMOR EN CONTRA DE LAS NORMAS SOCIALES DE LA EPOCA (Y Capitulo II)
LA CANTANTE
Conchita Piquer se llamaba Concepción Piquer López y nació en la calle de Ruaya 23 del barrio valenciano de Sagunto, un 8 de diciembre de 1906. Su padre era albañil y su madre, doña Ramona, era costurera en un taller de costura, donde desde muy jovencita entraría a coser Conchita. Allí ella y las demás aprendices canturreaban las canciones que escuchaban en la radio de válvulas que tenía el taller. Canciones de Raquel Meller, la Fornarina y La Goya que eran las cupletistas de éxito en aquellos años. Cantó por primera vez en público en el cine Sagunto y en el Huerto de Sogueros en su barrio. Con once años obtuvo su primer contrato en el teatro Apolo: cinco pesetas por día. Luego actuó en el teatro de La Marina en el Grao, hasta que allí la escuchó el maestro Penella y le propuso ir a Nueva York con su compañía de zarzuelas para estrenar “El Gato Montés”. Conchita aceptó, pero como era menor de edad se hizo acompañar por su madre. Llegó a Manhattan un 13 de septiembre de 1922. En EE.UU estuvo hasta 1926 obteniendo un éxito en cada sitio que actuaba: Panamá, México, Costa Rica, Cuba… todos se rindieron a sus pies. Ese año volvió a Madrid y se presentó en el teatro Romea. Al estreno, atraídos por los ecos de sus triunfos, acudieron a verla y escucharla la flor y nata de la sociedad española: el presidente del Gobierno, el dictador Primo de Rivera, el ministro de la Guerra, Duque de Tetuán, los hermanos Álvarez Quintero, Jacinto Benavente, Julio Romero de Torres y su paisano el escultor Mariano Benlliure. Aquella noche interpretó una canción en inglés, pero la que le supuso el triunfo fue la canción que el maestro Penella le hizo recordando el pasodoble de Álvarez “Suspiros de España”, o lo que es lo mismo “En tierra extraña”. A partir de ahí le llovieron los contratos por toda España y la grabación de varias películas.
Antonio Márquez se retiró definitivamente de los ruedos el 29 de mayo de 1938 en Cáceres, en plena guerra civil, en una corrida mixta alternando con Manuel Jiménez Chicuelo y los novilleros José Ignacio Sánchez Mejías y Juanito Belmonte Campoy. Durante la guerra volvió a torear otra vez el 12 de octubre, en Talavera de la Reina, un encierro con toros de la ganadería del salmantino Galache junto a Victoriano de la Serna y Cayetano Palomino Benito, torero mexicano que tomó ese día la alternativa. Tras su retirada se convierte en el representante artístico de Conchita Piquer. Durante la guerra civil vivieron primero en Madrid, luego en Francia y más tarde en Sevilla. El torero cambió los coches con botijo en la baca, por los vehículos y camiones con decorados y los famosos “baúles de la Piquer” que se convirtieron en un mito.
En 1940 comienza el despegue de Conchita como estrella indiscutible de la copla, al estrenar en el teatro Calderón un gran espectáculo en el que sobresalía la estampa de “Las calles de Cádiz” en recuerdo del éxito de La Argentinita. Su consagración definitiva fue en 1942 en Madrid en el teatro Reina Victoria con “Ropa tendida”, reuniendo por primera vez a Quintero, León y Quiroga, al autor de comedias, al poeta y letrista y al gran músico.
Tuvo ella una especial amistad con Rafael de León, el poeta que le escribía las letras. Conversaba con el artista muy a menudo y le hacia sus mas íntimas confidencias. En la calle se conocía su situación sentimental con el torero, pero en aquellos años de posguerra como no existían aún publicaciones de prensa rosa dedicadas a los chismorreos, ni televisiones atrevidas que destaparan los asuntos de entrepierna de los famosos como ahora, pues no se hablaba públicamente de ello. Rafael e León escribió para Conchita una preciosa canción que más tarde seria emblemática “Romance de la otra”. Quiroga le puso la música a ritmo de farruca y decía así: “Yo soy la otra, la otra/ y a nada tengo derecho/, porque no tengo un anillo/ con una fecha por dentro. /No tengo ley que me ampare,/ni puerta donde llamar,/y me alimento a escondidas/con tus besos y tu pan./ Con tal que vivas tranquilo,/¡qué importa que yo muera./Te quiero, siendo….¡la otra!,/ como la que mas te quiera”. Ella cantaba esta copla con tal pasión, arrebato y sentimiento interpretativo que desde luego hizo furor. Sus puestas en escena eran especialmente espectaculares y bellas, con vestidos maravillosos y cuidando al máximo hasta el último de los detalles.
Como es natural el público se identificaba con la cantante y comprendía a la perfección que estaba haciendo una confesión pública de parte de su propia vida, pues Conchita, al igual que en esos años le ocurriera a Lupe Sino con Manolete, no llevaba un anillo nupcial fechado por dentro. Rafael de León conocedor, por sus conversaciones con la cantante, del difícil momento que estaba atravesando su relación con el torero, le escribió la letra de otra copla “Judas” (en la que también colaboró el gran poeta y letrista José Antonio Ochaita), en la que se reflejaba la gran pena que llevaba en su corazón la artista valenciana. Una historia, la de Conchita, en la que se veían reflejadas muchas mujeres españolas en aquella difícil y complicada España de posguerra. Esas coplas concretamente, coincidieron con una de las pocas crisis serias que atravesó esta pareja y que se sabe les mantuvo alejados al uno del otro varios meses, como así lo ha atestiguado incluso su propia hija Conchita Márquez Piquer. Esa canción fue grabada en concreto en el año 1951. Sin embargo la pareja fue siempre feliz, sobre todo cuando nació su hija Conchín en Buenos Aires, que fue apadrinada por la esposa del presidente de Argentina, Evita Duarte de Perón. Parece ser que el torero y la cantante pudieron finalmente formalizar legalmente su situación y se casaron en Montevideo (Uruguay). En una España en las que estaban mal miradas las madres solteras y en la que no existía el divorcio, difícilmente hubieran podido legalizar su estado civil. Su casamiento lo mantuvieron dentro del mas estricto secreto y no lo comentaron ni siquiera con las personas de su confianza, excepto a su hermana Anitín que iba con ella en su compañía. En todo caso la fecha de este viaje a Montevideo debió de ser la fecha en que Conchita Piquer dejara de ser para siempre “la otra”.
Las coplas de Conchita Piquer son, si se mira el asunto de forma reflexiva, un análisis sociológico de esta época. Incluso en las letras de sus coplas hay mucho de contenido reivindicativo de la mujer española de aquellos difíciles años. Para ello contó siempre con la complicidad y amistad del gran poeta Rafael de León, que en sus versos nunca dudo en ponerse del lado de las mujeres, ya fueran mujeres del arroyo, engañadas por el marido, abandonadas o presas de un amor imposible. Es verdad que durante la guerra tanto el torero Antonio Márquez como Conchita Piquer estuvieron siempre en el bando nacional, por tanto ambos estuvieron siempre libres de cualquier sospecha, pero lo cierto es que las letras de sus cuplés proclamaban las desgracias e injusticias sufridas por muchas mujeres españolas que ya no tenían el amparo de las leyes progresistas que rigieron durante los años de la República. La canción “Picadita de viruela” por ejemplo, se convirtió también en emblemática y si la colocamos en el año de su lanzamiento, parece sacada de una campaña de concienciación de la Dirección General de Sanidad (en aquellos años por cierto, el director general de Sanidad fue el doctor García Orcoyen), pues su mensaje estaba destinado a llevar el ánimo a la población civil… que una mocita no debía padecer las consecuencias de la viruela como si fuera un estigma, sino como algo natural y no hereditario en los hijos.
Doña Concha se retiró de los escenarios en 1957. Fue a raíz de una actuación en Isla Cristina (Huelva) en que la cantante notó que la voz le fallaba por un refriado mal curado. Esa misma noche reunión a toda su compañía y les anunció su decisión de retirarse, indemnizando a todos cuantos formaban parte de ella. No volvió a cantar. El torero Antonio Márquez se fue de este mundo el 17 de noviembre de 1988, su mujer quedó completamente destrozada anímicamente y desde entonces perdió la alegría de vivir. Murió el 12 de diciembre de 1990.
Esta es la historia de estos dos artistas que dejaron una honda huella en la sociedad española entre las décadas de los 30 a los 50. Conchita Piquer con su arte inmenso que no ha podido ser superado aun por nadie. Antonio Márquez por su gran personalidad y presencia en los ruedos. Orts Ramos en su obra “Toros y toreros en 1929” dice de él: fue el torero mas completo de estos tiempos con el capote, en banderillas, toreando con la muleta y como estoqueador, raya ya a tal altura que en una tarde afortunada ningún otro espada puede aventajarle”. Fue por tanto un torero muy dominador, de mucho temple, elegancia en su toreo como algo consustancial en él. El crítico taurino Don Quijote dejó dicho: “Su entronque dentro de la selección de los toreros artistas está en la rama de los elegantes: Lagartijo, Fuentes, Gaona y Márquez”. Es sin embargo don José Mª de Cossío quien da una opinión mas certera sobre el torero Antonio Márquez: “nadie ha superado a Márquez en la depuración de su estilo con el capote y a muleta, estilo sobrio, impregnado de una suavidad, un ritmo, un temple, de una elegancia innata jamás igualados. Más que torear esculpe. Su ánimo se encogió en los momentos mas decisivos de su carrera y esto le impidió el triunfo definitivo, completo y absoluto que pudo y debió llegar dadas sus cualidades, aptitudes y condiciones artísticas”.
EL TORERO ANTONIO MARQUEZ Y LA ARTISTA CONCHITA PIQUER VIVIERON HASTA EL FINAL UN AMOR EN CONTRA DE LAS NORMAS SOCIALES DE LA EPOCA (Capitulo I)

Por El Zubi
EL TORERO
Antonio Márquez Serrano nació un 23 de abril de 1899 en Madrid, en el cuartel de la Guardia Civil que había en la calle Toledo pues su padre pertenecía al Cuerpo de la Benemérita, aunque también tenía una carbonería. Su madre era sirvienta, y él, tras realizar los estudios primarios, pasó a la carbonería que tenían en la calle de Las Velas, a echarle una mano a la familia, aunque muy pronto vio que aquello no era lo suyo, y llevado por su gran afición comenzó a participar en capeas junto a otros chavales del barrio, hasta que tuvo la oportunidad de participar en una becerrada que organizaron los empleados del teatro Novedades en la plaza de Madrid un 8 de junio de 1913 donde apuntó muy buenas maneras. Mató por primera vez en una becerrada que organizó el Partido Reformista del distrito de Latina el 19 de julio de 1914. Vistió por primera vez de luces en Vista Alegre en mayo de 1917, en la Plaza de Tetuán de las Victorias, y después toreo en Barcelona y Zaragoza. Ganaba como becerrista 175 pesetas hasta que llegó a las 1000 cuando adquirió la condición de novillero. Así logró ahorrar hasta 14.000 pesetas con las que se fue a Salamanca donde pudo conocer por fin a Granero, Chicuelo y Juan Luis de la Rosa y torear en las dehesas de aquella zona. Se presentó en Sevilla en 1918 y su primer gran éxito lo obtuvo en Madrid el 17 de octubre de 1920 alternando con Jumillano padre y Valencia II, que salió a hombros de la plaza. Repitió en Madrid el 2 de mayo de 1921 y obtuvo otro éxito pues despuntaban en él una gran personalidad y un toreo lleno de elegancia. El 24 de septiembre de 1921 recibe la alternativa como matador de toros de manos del mismísimo Juan Belmonte. Alternó aquel día con Ignacio Sánchez Mejías y Granero, en una corrida donde se lidiaron ocho toros de la ganadería de González Nadín. El toro de su alternativa se llamaba Molinero. Dicen las crónicas periodísticas de la época que a los toros tercero y octavo los banderillearon él y Granero de forma espectacular. Antonio Márquez destacó por su habilidad poniendo pares al quiebro en cualquier punto del ruedo. Márquez dio la vuelta al ruedo en su primer toro y al segundo toro lo mató de dos estocadas. La crítica lo comparó con Machaquito a quien por cierto brindó el toro de su alternativa.
Durante 1922 no toreó ninguna corrida ya que se tuvo que ir a luchar a la guerra que España mantenía con Marruecos. Un año este de 1922 funesto para nuestro país, que sufría una sangría de vidas jóvenes y la humillación de nuestro ejercito frente a Abd el-Krim en el Protectorado, mientras se pactaba una vergonzante liberación de prisioneros y se daba a conocer el “Informe Picasso” sobre el desastre del ejercito español en Anual, que estuvo dirigido por el general Silvestre. Antonio Márquez pudo regresar con vida, pero no así otros toreros jóvenes que se embarcaron a esa guerra para no regresar nunca. Confirma su alternativa en Madrid el 17 de mayo de 1923, día de San Pascual, en el festejo de la Beneficencia. Fue una corrida con ocho toros de la ganadería de Sánchez Rico y su padrino fue Manuel García “Maera”, alternando con el aragonés Nicanor Villalta y el madrileño Marcial Lalanda. En 1923 toreo 33 tardes con carteles destacados en Madrid, Valencia, Bilbao, Barcelona…así como la corrida del Montepío de toreros donde se le otorgó la medalla de Oro. En Sevilla una tarde, después de poner tres pares de banderillas el público le obligó a dar tres vueltas al ruedo. Márquez tuvo un temple exquisito con la muleta y fue un certero estoqueador. Puestos a valorar su lugar en el escalafón hay que decir que estuvo en segundo lugar. En 1926 por ejemplo toreó cincuenta y ocho corridas. Ese año El Niño de la Palma fue el primero con sesenta y ocho festejos. En 1927 lidió cincuenta y cinco corridas siendo el Niño de la Palma el primero del escalafón con diez actuaciones más.
En el invierno de 1924 se embarcó hacia México donde actúa en quince ocasiones y se crea una reputación que le serviría para repetir en temporadas sucesivas en tierras aztecas, donde también fue muy apreciado. Debió de ser por estas fechas cuando se enamoró de una señorita cubana, descendiente de vascos, que se llamaba Gloria Arechavala. El flechazo se produjo durante una travesía marítima de regreso a España procedentes ambos de México. Se casaron y pocos meses después tuvieron un hijo, pero no fueron felices y acabaron separándose: fue uno más de los muchos matrimonios con toreros que acaban en ruptura. Por cierto que, tras la muerte de Antonio, su hijo vino desde Cuba a Madrid al entierro. Meses antes su padre movió todo tipo de influencias políticas y diplomáticas para que su hijo saliera de la cárcel donde estuvo una buena temporada por discrepancias con el régimen castrista. En las temporadas de 1925 y 1926 Márquez toreó una media de sesenta festejos pero a partir de 1928 y hasta 1931 redujo sus actuaciones por propia decisión por motivos de salud parece ser. Una rara enfermedad le impidió torear muchas corridas contratadas y prefirió esforzarse menos y reposar más. En 1932 no toreó y anunció su retirada, aunque en 1936 volvió a torear y muy bien pues se recuerda su actuación de Segovia el 29 de junio que pasó a los anales de la tauromaquia.
Fue en 1928 cuando Antonio y Conchita se conocieron en Barcelona. Un año después se volvieron a encontrar en Madrid en un baile de máscaras. De ese encuentro dijo Conchita en una revista de la época: “Ahí nos enamoramos el uno del otro, en aquel baile celebrado en el teatro de la Zarzuela”. En 1933 Conchita Piquer y Antonio Márquez ya vivían juntos. No se casaron porque legalmente no podían hacerlo en España.







