A nuestros lectores...

Mano a Mano se ha enriquecido, hoy presentamos gustosos a nuestra nueva pluma: Pedro Julio Jiménez Villaseñor, esperamos que sea de su agrado y lo disfruten tanto como nosotros.



Un olé para todos.



Pasifae y El Zubi

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jueves, 24 de junio de 2010

VENGA! LA INFANTA TORERA...


Elena de Borbón en la boda de Victoria de Suecia y Daniel Westling... Un mensaje claro de su afición por los toros.

lunes, 12 de abril de 2010

EL TORERO ANTONIO MARQUEZ Y LA ARTISTA CONCHITA PIQUER VIVIERON HASTA EL FINAL UN AMOR EN CONTRA DE LAS NORMAS SOCIALES DE LA EPOCA (Y Capitulo II)

LA CANTANTE

Conchita Piquer se llamaba Concepción Piquer López y nació en la calle de Ruaya 23 del barrio valenciano de Sagunto, un 8 de diciembre de 1906. Su padre era albañil y su madre, doña Ramona, era costurera en un taller de costura, donde desde muy jovencita entraría a coser Conchita. Allí ella y las demás aprendices canturreaban las canciones que escuchaban en la radio de válvulas que tenía el taller. Canciones de Raquel Meller, la Fornarina y La Goya que eran las cupletistas de éxito en aquellos años. Cantó por primera vez en público en el cine Sagunto y en el Huerto de Sogueros en su barrio. Con once años obtuvo su primer contrato en el teatro Apolo: cinco pesetas por día. Luego actuó en el teatro de La Marina en el Grao, hasta que allí la escuchó el maestro Penella y le propuso ir a Nueva York con su compañía de zarzuelas para estrenar “El Gato Montés”. Conchita aceptó, pero como era menor de edad se hizo acompañar por su madre. Llegó a Manhattan un 13 de septiembre de 1922. En EE.UU estuvo hasta 1926 obteniendo un éxito en cada sitio que actuaba: Panamá, México, Costa Rica, Cuba… todos se rindieron a sus pies. Ese año volvió a Madrid y se presentó en el teatro Romea. Al estreno, atraídos por los ecos de sus triunfos, acudieron a verla y escucharla la flor y nata de la sociedad española: el presidente del Gobierno, el dictador Primo de Rivera, el ministro de la Guerra, Duque de Tetuán, los hermanos Álvarez Quintero, Jacinto Benavente, Julio Romero de Torres y su paisano el escultor Mariano Benlliure. Aquella noche interpretó una canción en inglés, pero la que le supuso el triunfo fue la canción que el maestro Penella le hizo recordando el pasodoble de Álvarez “Suspiros de España”, o lo que es lo mismo “En tierra extraña”. A partir de ahí le llovieron los contratos por toda España y la grabación de varias películas.

Antonio Márquez se retiró definitivamente de los ruedos el 29 de mayo de 1938 en Cáceres, en plena guerra civil, en una corrida mixta alternando con Manuel Jiménez Chicuelo y los novilleros José Ignacio Sánchez Mejías y Juanito Belmonte Campoy. Durante la guerra volvió a torear otra vez el 12 de octubre, en Talavera de la Reina, un encierro con toros de la ganadería del salmantino Galache junto a Victoriano de la Serna y Cayetano Palomino Benito, torero mexicano que tomó ese día la alternativa. Tras su retirada se convierte en el representante artístico de Conchita Piquer. Durante la guerra civil vivieron primero en Madrid, luego en Francia y más tarde en Sevilla. El torero cambió los coches con botijo en la baca, por los vehículos y camiones con decorados y los famosos “baúles de la Piquer” que se convirtieron en un mito.

En 1940 comienza el despegue de Conchita como estrella indiscutible de la copla, al estrenar en el teatro Calderón un gran espectáculo en el que sobresalía la estampa de “Las calles de Cádiz” en recuerdo del éxito de La Argentinita. Su consagración definitiva fue en 1942 en Madrid en el teatro Reina Victoria con “Ropa tendida”, reuniendo por primera vez a Quintero, León y Quiroga, al autor de comedias, al poeta y letrista y al gran músico.

Tuvo ella una especial amistad con Rafael de León, el poeta que le escribía las letras. Conversaba con el artista muy a menudo y le hacia sus mas íntimas confidencias. En la calle se conocía su situación sentimental con el torero, pero en aquellos años de posguerra como no existían aún publicaciones de prensa rosa dedicadas a los chismorreos, ni televisiones atrevidas que destaparan los asuntos de entrepierna de los famosos como ahora, pues no se hablaba públicamente de ello. Rafael e León escribió para Conchita una preciosa canción que más tarde seria emblemática “Romance de la otra”. Quiroga le puso la música a ritmo de farruca y decía así: “Yo soy la otra, la otra/ y a nada tengo derecho/, porque no tengo un anillo/ con una fecha por dentro. /No tengo ley que me ampare,/ni puerta donde llamar,/y me alimento a escondidas/con tus besos y tu pan./ Con tal que vivas tranquilo,/¡qué importa que yo muera./Te quiero, siendo….¡la otra!,/ como la que mas te quiera”. Ella cantaba esta copla con tal pasión, arrebato y sentimiento interpretativo que desde luego hizo furor. Sus puestas en escena eran especialmente espectaculares y bellas, con vestidos maravillosos y cuidando al máximo hasta el último de los detalles.

Como es natural el público se identificaba con la cantante y comprendía a la perfección que estaba haciendo una confesión pública de parte de su propia vida, pues Conchita, al igual que en esos años le ocurriera a Lupe Sino con Manolete, no llevaba un anillo nupcial fechado por dentro. Rafael de León conocedor, por sus conversaciones con la cantante, del difícil momento que estaba atravesando su relación con el torero, le escribió la letra de otra copla “Judas” (en la que también colaboró el gran poeta y letrista José Antonio Ochaita), en la que se reflejaba la gran pena que llevaba en su corazón la artista valenciana. Una historia, la de Conchita, en la que se veían reflejadas muchas mujeres españolas en aquella difícil y complicada España de posguerra. Esas coplas concretamente, coincidieron con una de las pocas crisis serias que atravesó esta pareja y que se sabe les mantuvo alejados al uno del otro varios meses, como así lo ha atestiguado incluso su propia hija Conchita Márquez Piquer. Esa canción fue grabada en concreto en el año 1951. Sin embargo la pareja fue siempre feliz, sobre todo cuando nació su hija Conchín en Buenos Aires, que fue apadrinada por la esposa del presidente de Argentina, Evita Duarte de Perón. Parece ser que el torero y la cantante pudieron finalmente formalizar legalmente su situación y se casaron en Montevideo (Uruguay). En una España en las que estaban mal miradas las madres solteras y en la que no existía el divorcio, difícilmente hubieran podido legalizar su estado civil. Su casamiento lo mantuvieron dentro del mas estricto secreto y no lo comentaron ni siquiera con las personas de su confianza, excepto a su hermana Anitín que iba con ella en su compañía. En todo caso la fecha de este viaje a Montevideo debió de ser la fecha en que Conchita Piquer dejara de ser para siempre “la otra”.

Las coplas de Conchita Piquer son, si se mira el asunto de forma reflexiva, un análisis sociológico de esta época. Incluso en las letras de sus coplas hay mucho de contenido reivindicativo de la mujer española de aquellos difíciles años. Para ello contó siempre con la complicidad y amistad del gran poeta Rafael de León, que en sus versos nunca dudo en ponerse del lado de las mujeres, ya fueran mujeres del arroyo, engañadas por el marido, abandonadas o presas de un amor imposible. Es verdad que durante la guerra tanto el torero Antonio Márquez como Conchita Piquer estuvieron siempre en el bando nacional, por tanto ambos estuvieron siempre libres de cualquier sospecha, pero lo cierto es que las letras de sus cuplés proclamaban las desgracias e injusticias sufridas por muchas mujeres españolas que ya no tenían el amparo de las leyes progresistas que rigieron durante los años de la República. La canción “Picadita de viruela” por ejemplo, se convirtió también en emblemática y si la colocamos en el año de su lanzamiento, parece sacada de una campaña de concienciación de la Dirección General de Sanidad (en aquellos años por cierto, el director general de Sanidad fue el doctor García Orcoyen), pues su mensaje estaba destinado a llevar el ánimo a la población civil… que una mocita no debía padecer las consecuencias de la viruela como si fuera un estigma, sino como algo natural y no hereditario en los hijos.

Doña Concha se retiró de los escenarios en 1957. Fue a raíz de una actuación en Isla Cristina (Huelva) en que la cantante notó que la voz le fallaba por un refriado mal curado. Esa misma noche reunión a toda su compañía y les anunció su decisión de retirarse, indemnizando a todos cuantos formaban parte de ella. No volvió a cantar. El torero Antonio Márquez se fue de este mundo el 17 de noviembre de 1988, su mujer quedó completamente destrozada anímicamente y desde entonces perdió la alegría de vivir. Murió el 12 de diciembre de 1990.

Esta es la historia de estos dos artistas que dejaron una honda huella en la sociedad española entre las décadas de los 30 a los 50. Conchita Piquer con su arte inmenso que no ha podido ser superado aun por nadie. Antonio Márquez por su gran personalidad y presencia en los ruedos. Orts Ramos en su obra “Toros y toreros en 1929” dice de él: fue el torero mas completo de estos tiempos con el capote, en banderillas, toreando con la muleta y como estoqueador, raya ya a tal altura que en una tarde afortunada ningún otro espada puede aventajarle”. Fue por tanto un torero muy dominador, de mucho temple, elegancia en su toreo como algo consustancial en él. El crítico taurino Don Quijote dejó dicho: “Su entronque dentro de la selección de los toreros artistas está en la rama de los elegantes: Lagartijo, Fuentes, Gaona y Márquez”. Es sin embargo don José Mª de Cossío quien da una opinión mas certera sobre el torero Antonio Márquez: “nadie ha superado a Márquez en la depuración de su estilo con el capote y a muleta, estilo sobrio, impregnado de una suavidad, un ritmo, un temple, de una elegancia innata jamás igualados. Más que torear esculpe. Su ánimo se encogió en los momentos mas decisivos de su carrera y esto le impidió el triunfo definitivo, completo y absoluto que pudo y debió llegar dadas sus cualidades, aptitudes y condiciones artísticas”.



EL TORERO ANTONIO MARQUEZ Y LA ARTISTA CONCHITA PIQUER VIVIERON HASTA EL FINAL UN AMOR EN CONTRA DE LAS NORMAS SOCIALES DE LA EPOCA (Capitulo I)


Por El Zubi
Antonio Márquez, un torero de prestigio, fama, dinero y categoría, aceptó el papel de segundón de su mujer. Supo llevar con dignidad, tras muchos años de retirada, el hecho de ser el marido y representante de la Piquer. Ellos, Antonio y Concha, formaron un matrimonio sin papeles pues él era casado, en una época en la que la moral propiciada por el franquismo miraba con malos ojos que una mujer no llevara un anillo con la inscripción por dentro. El amor que sentía el uno por el otro superó todas las barreras que se interpusieron en su camino. Y es que el amor entre la tonadillera y el torero, a primera vista resultaba casi imposible, pues él estaba casado y tenía incluso un hijo con otra mujer, pero ambos rompieron todas las barreras que encontraron. La pareja estuvo, a pesar de los altibajos propios de cualquier matrimonio, muy unidos y enamorados hasta el final. De Antonio Márquez quedó el recuerdo de su media verónica, que daba con una elegancia y un temple especial, como todo su toreo en general pues fue un torero poderoso que brillaba en todos los tercios, sobre todo con la capa. Le llamaban el “Belmonte Rubio” un apelativo que a él le molestaba, pues aunque admiraba al trianero, tenían estilos muy diferentes. Tuvo incluso un pasodoble “Antonio Márquez” del maestro Villacañas del que nunca hizo gala. De Conchita Piquer queda aun su trono vacante de artista inconmensurable y eterna, y en nuestra memoria histórica dejó un repertorio en el que fueron protagonistas: la otra, la prostituta apoyada en el quicio de la mancebía (que la censura de la época convirtió en “apoyá en la trama de mi celosía”), los valores tradicionales, el crimen pasional, los celos, las solteronas, el contrabando como forma de vida, los maletillas, las condesas enamoradas y las locuras de amor, además de una estela de nombres femeninos, que ilustraron para siempre la España de charanga y pandereta. Ella cantó todo eso y mucho más y lo hizo como nadie hasta entonces lo había hecho ni nadie lo hará después.
EL TORERO
Antonio Márquez Serrano nació un 23 de abril de 1899 en Madrid, en el cuartel de la Guardia Civil que había en la calle Toledo pues su padre pertenecía al Cuerpo de la Benemérita, aunque también tenía una carbonería. Su madre era sirvienta, y él, tras realizar los estudios primarios, pasó a la carbonería que tenían en la calle de Las Velas, a echarle una mano a la familia, aunque muy pronto vio que aquello no era lo suyo, y llevado por su gran afición comenzó a participar en capeas junto a otros chavales del barrio, hasta que tuvo la oportunidad de participar en una becerrada que organizaron los empleados del teatro Novedades en la plaza de Madrid un 8 de junio de 1913 donde apuntó muy buenas maneras. Mató por primera vez en una becerrada que organizó el Partido Reformista del distrito de Latina el 19 de julio de 1914. Vistió por primera vez de luces en Vista Alegre en mayo de 1917, en la Plaza de Tetuán de las Victorias, y después toreo en Barcelona y Zaragoza. Ganaba como becerrista 175 pesetas hasta que llegó a las 1000 cuando adquirió la condición de novillero. Así logró ahorrar hasta 14.000 pesetas con las que se fue a Salamanca donde pudo conocer por fin a Granero, Chicuelo y Juan Luis de la Rosa y torear en las dehesas de aquella zona. Se presentó en Sevilla en 1918 y su primer gran éxito lo obtuvo en Madrid el 17 de octubre de 1920 alternando con Jumillano padre y Valencia II, que salió a hombros de la plaza. Repitió en Madrid el 2 de mayo de 1921 y obtuvo otro éxito pues despuntaban en él una gran personalidad y un toreo lleno de elegancia. El 24 de septiembre de 1921 recibe la alternativa como matador de toros de manos del mismísimo Juan Belmonte. Alternó aquel día con Ignacio Sánchez Mejías y Granero, en una corrida donde se lidiaron ocho toros de la ganadería de González Nadín. El toro de su alternativa se llamaba Molinero. Dicen las crónicas periodísticas de la época que a los toros tercero y octavo los banderillearon él y Granero de forma espectacular. Antonio Márquez destacó por su habilidad poniendo pares al quiebro en cualquier punto del ruedo. Márquez dio la vuelta al ruedo en su primer toro y al segundo toro lo mató de dos estocadas. La crítica lo comparó con Machaquito a quien por cierto brindó el toro de su alternativa.
Durante 1922 no toreó ninguna corrida ya que se tuvo que ir a luchar a la guerra que España mantenía con Marruecos. Un año este de 1922 funesto para nuestro país, que sufría una sangría de vidas jóvenes y la humillación de nuestro ejercito frente a Abd el-Krim en el Protectorado, mientras se pactaba una vergonzante liberación de prisioneros y se daba a conocer el “Informe Picasso” sobre el desastre del ejercito español en Anual, que estuvo dirigido por el general Silvestre. Antonio Márquez pudo regresar con vida, pero no así otros toreros jóvenes que se embarcaron a esa guerra para no regresar nunca. Confirma su alternativa en Madrid el 17 de mayo de 1923, día de San Pascual, en el festejo de la Beneficencia. Fue una corrida con ocho toros de la ganadería de Sánchez Rico y su padrino fue Manuel García “Maera”, alternando con el aragonés Nicanor Villalta y el madrileño Marcial Lalanda. En 1923 toreo 33 tardes con carteles destacados en Madrid, Valencia, Bilbao, Barcelona…así como la corrida del Montepío de toreros donde se le otorgó la medalla de Oro. En Sevilla una tarde, después de poner tres pares de banderillas el público le obligó a dar tres vueltas al ruedo. Márquez tuvo un temple exquisito con la muleta y fue un certero estoqueador. Puestos a valorar su lugar en el escalafón hay que decir que estuvo en segundo lugar. En 1926 por ejemplo toreó cincuenta y ocho corridas. Ese año El Niño de la Palma fue el primero con sesenta y ocho festejos. En 1927 lidió cincuenta y cinco corridas siendo el Niño de la Palma el primero del escalafón con diez actuaciones más.
En el invierno de 1924 se embarcó hacia México donde actúa en quince ocasiones y se crea una reputación que le serviría para repetir en temporadas sucesivas en tierras aztecas, donde también fue muy apreciado. Debió de ser por estas fechas cuando se enamoró de una señorita cubana, descendiente de vascos, que se llamaba Gloria Arechavala. El flechazo se produjo durante una travesía marítima de regreso a España procedentes ambos de México. Se casaron y pocos meses después tuvieron un hijo, pero no fueron felices y acabaron separándose: fue uno más de los muchos matrimonios con toreros que acaban en ruptura. Por cierto que, tras la muerte de Antonio, su hijo vino desde Cuba a Madrid al entierro. Meses antes su padre movió todo tipo de influencias políticas y diplomáticas para que su hijo saliera de la cárcel donde estuvo una buena temporada por discrepancias con el régimen castrista. En las temporadas de 1925 y 1926 Márquez toreó una media de sesenta festejos pero a partir de 1928 y hasta 1931 redujo sus actuaciones por propia decisión por motivos de salud parece ser. Una rara enfermedad le impidió torear muchas corridas contratadas y prefirió esforzarse menos y reposar más. En 1932 no toreó y anunció su retirada, aunque en 1936 volvió a torear y muy bien pues se recuerda su actuación de Segovia el 29 de junio que pasó a los anales de la tauromaquia.
Fue en 1928 cuando Antonio y Conchita se conocieron en Barcelona. Un año después se volvieron a encontrar en Madrid en un baile de máscaras. De ese encuentro dijo Conchita en una revista de la época: “Ahí nos enamoramos el uno del otro, en aquel baile celebrado en el teatro de la Zarzuela”. En 1933 Conchita Piquer y Antonio Márquez ya vivían juntos. No se casaron porque legalmente no podían hacerlo en España.

viernes, 19 de marzo de 2010

EL MIURA “JOCINERO” MATO A “PEPETE”


Por El Zubi
José Dámaso Rodríguez Rodríguez  “Pepete” nació en Córdoba el 11 de diciembre de 1824 y murió 38 años después en Madrid, un 20 de abril de 1862, toreando al toro de Miura “Jocinero”.  Fue “Pepete” un excelente banderillero, pero sobre todo fue un gran torero, de fuerza, personalidad y mucha valentía. Era audaz y temerario, que actuaba con serenidad y despreocupación ante los mayores peligros. Podría decirse que era un “irresponsable”.
En 1844 se casó con la cordobesa Rafaela Bejarano, hermana de la madre del que seria genial torero “Rafael Guerra”. El escritor francés Alejandro Dumas que hacia 1846 pasó una larga temporada en Córdoba, le conoció y trabó con él una buena amistad. Pepete alternó con los toreros de primera fila de su época: El Camará, Bocanegra y Caniqui. Tomó la alternativa en 1852 de la mano de Curro Cúchares, y se la confirmó en el mismo año su tío Antonio Luque en Madrid.
Fue en Madrid donde le aguardaba la muerte a este valiente torero cordobés. En una corrida celebrada en el coso circense  un 20 de abril de 1862, en un mano a mano con Cayetano Sanz. Su segundo toro se llamaba “Jocinero” de la ganadería de Miura. Era un berrendo en negro, alunarado, botinero, capirote, tipo de los “cabrereños”, de cuerna bien colocada y un tanto corta. Después de ser trasteado por “Pepete” con el capote, el toro salió suelto y arremetió contra el picador Antonio Calderón, que cayó del caballo quedando al descubierto, escena que se vivió en la plaza con gran terror por parte del público. En cuestión de segundos “Pepete” saltó la barrera y corrió a hacerle el quite al picador vencido. El toro salió del caballo atraído por la carrera del torero y ambos se encontraron en el viaje, intentando “Pepete” quebrarlo con el capote en el brazo izquierdo, pero “Jocinero” lo enganchó con el pitón derecho por la cadera. El torero se sujetó del pitón izquierdo para desprenderse del toro y caer, pero el toro le arreó dos “hachazos” mortales con el cuerno izquierdo. El primero le causó un puntazo en la tetilla izquierda y el segundo, una profunda cornada en el corazón, rebañándole la cavidad torácica, entre el estupor del público que gritaba aterrorizado antes tal escena.
Cuentan las crónicas de la época, que “Pepete”, tras este mortal encontronazo salió despedido de la testa del toro y cayó en la arena. Logró incorporarse sin la ayuda de nadie. Incluso se limpió el polvo de la taleguilla con la mano derecha en unos segundos de silencio estremecedor en que se sumió la plaza. En perfecto equilibrio fue caminando hasta la puerta de alguaciles donde cayó fulminado dando con la cabeza en el estribo, que  le produjo una gran herida en la frente a la vez que arrojaba ya caños de sangre por el pecho.
Llevado a la enfermería por las asistencias, le atendió el doctor González Aguinaga, que tras desposeerle la camisa  le descubre el terrible daño que le había causado el toro. El médico comprendió que las heridas eran mortales e irreversibles, pero intentó reanimarlo. Mientras esto ocurría “Pepete” recobró unos segundos la consciencia, y con voz apagada le preguntó: “¿Es argo, doctor?”… y murió a los tres minutos. Su muerte fue muy sentida entre la afición, y el país se llenó de coplas y romances populares con su nombre, coplas tales como esta:
                                Pepete salió a la plaza
                                 como un torero valiente;
                                  por salvar a un picador
                                  el toro le dio la muerte”.
                                  

martes, 16 de marzo de 2010

“A FAUSTINO POSADAS UN MIURA LE PARTIÓ LA TRAQUEA”


Por El Zubi
Faustino Posadas Carnerero, fue un novillero nacido en Sevilla el 9 de noviembre de 1884, que murió con 23 años  en la Plaza de toros de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), un 18 de agosto de 1907. Un novillo de Miura le dio una cornada en el cuello que le partió la tráquea.
Faustino Posadas era hijo de un guarda de Tablada y a los catorce años, tras acompañar desde muy pequeño a su padre al campo, se hizo también guardia nombrado por el Ayuntamiento.  Como desde pequeño tuvo contacto con las reses bravas decidió a los 17 años ser torero y abandonó el oficio de su padre. Se vistió de luces por primera vez en Zufre (Huelva) el 10 de septiembre de 1901, alternando con Antonio Pazos. En 1902 formó parte de la cuadrilla de los niños toreros junto a Fernando Gómez “Gallito”, y para tal ocasión se presentó en Sevilla con el nombre de “Currito”, apodo que no volvería a utilizar más. El año siguiente se metió como banderillero en la cuadrilla de “Bonarillo” y lo pasó toreando en Lima. A la vuelta de América centra su carrera como novillero y comienza a obtener grandes éxitos sobre todo en Sevilla y en Madrid, como los cosechados en 1906. Posadas había encontrado la madurez profesional y llegado 1907 pensaba tomar la alternativa en Sevilla a finales de temporada.
Fue Faustino Posadas un torero inteligente y artista que manejaba muy bien tanto el capote como las banderillas y la muleta, y era muy aseado en todas las suertes ya que sabía llegar al público con sus bonitos adornos. Además paraba mucho a los toros y esto le daba a su toreo una gran emoción. Fue un seguro estoqueador y hubiera sido sin duda un extraordinario matador de toros de no haberle truncado la vida un novillo de Miura.
Esto ocurrió el m18 de agosto de 1907 en Sanlúcar de Barrameda, donde Posadas alternó en un mano a mano con el cordobés “Corchaíto”.  El astado que abrió plaza, un berrendo en negro de nombre “Agujeto”  salió codicioso y tuvo que  tomar cuatro varas. Tras una gran labor con la muleta Faustino Posadas prepara el toro para entrar a matar. El torero tenía la peligrosa costumbre de volver la cara al toro para brindar al público en plena lidia y encima del bicho, y ese fatídico día lo hizo y estando en esta actitud de brindar, se le arrancó el toro y le dio una fuerte voltereta infiriéndole en el cuello una herida de 10 centímetros con desgarramiento de tejidos y perforación de la tráquea. Posadas, malherido fue conducido con rapidez a la enfermería, de donde no saldría ya con vida, pues su estado era tan grave que los doctores no se atrevieron a moverlo de allí. La situación fue empeorando hasta que murió a las 12 horas de la noche del día siguiente 19 de agosto, tras haber sufrido terribles y desgarradores dolores.
Su cadáver fue trasladado a su ciudad natal, Sevilla y el entierro constituyó una multitudinaria manifestación de duelo, reflejo del entusiasmo que este joven torero había despertado en Sevilla con su manera de interpretar el buen toreo.

lunes, 15 de marzo de 2010

“ENRIQUE CANO ‘GAVIRA’ MURIÓ DE UNA CORNADA EN EL VIENTRE AL ENTRAR A MATAR”


Por El Zubi
Enrique Cano Iriborne “Gavira” nació en Cartagena el 15 de julio de 1890 y murió en la Plaza de Toros de Madrid el 3 de julio de 1927 a la edad de 37 años, a consecuencia de la fuerte cornada que le propinó el toro “Saltador” de la ganadería de Pérez de la Concha, precisamente al entrar a matar.
Enrique Cano sintió de muy joven la afición por el toro aunque su oficio era el de marmolista. Aprovechó la salida desde Cartagena de un navío con dirección a Sevilla, cuyo capitán era amigo suyo.  Una vez en la capital andaluza anduvo por los ambientes taurinos, y en la Maestranza se tiró de espontáneo para dar unos pases a un toro que lidiaba  Ricardo Torres “Bombita”. Aprovechó la notoriedad que aquel hecho le dio para participar en capeas y otros festejos pueblerinos, de tal forma que al volver a su tierra tenía la firme determinación de ser torero y no marmolista. Sus deseos se cumplieron pues se viste de luces por vez primera en Cartagena el 1 de junio de 1913, y dos años más tarde logra triunfar como novillero en Madrid. Su mejor temporada como novillero fue la de 1922. Toma la alternativa el 22 de abril de 1923 en Cartagena de manos de Villalta actuando de testigo Fausto Barajas, que lidiaron toros de Pablo Romero. El 17 de junio del mismo año confirma alternativa en Madrid con ganado de Bañuelos, cediéndole Paco Madrid el primer toro. Alternaba en el cartel Julián Sáez “Saleri II”.
Enrique Cano “Gavira” tuvo una carrera con muchos altibajos, prodigándose sólo en su tierra natal. En 1926 sólo torea siete corridas entre Murcia, Alicante, Carabanchel, Barcelona y Cartagena. Fue contratado para torear en Madrid el 3 de julio de 1927. Era su primera corrida esa temporada, con ganado de Pérez de la Concha, alternando en el cartel con Manuel Alvarez “El Andaluz” a quien le confirmaba la alternativa y con Ángel Navas “Gallito de Zafra”. Cuentan las crónicas de la época que transcurría la corrida con más pena que gloria para “Gavira”, cuando salió el tercer toro al ruedo, negro zaino, de nombre “Saltador” con el número 47 en los lomos. Un toro grande con mucha cuerna, astifino y manso como un burro, tanto manseó en la capa  que al negarse a capotear, el presidente ordenó que le pusieran “banderillas negras” para despabilarlo.  En el momento en que “El Andaluz” le está devolviendo los trastos a “Gavira” como parte de la  ceremonia de confirmación, y estando ambos de espaldas, el toro les dio un susto de muerte pues se arrancó inesperadamente e hizo por ellos. Pudieron eludir la cogida gracias a los gritos del público que los alertaron. “Gavira” cogió su montera y en los tendidos brinda la muerte del toro a un tal don José Semprún Alzurema. Trastea al toro por bajo con la muleta  convencido de que a un manso no hay quien lo pueda torear, aunque el toro iba a la muleta, cosa que él no debió ver. A los cuatro minutos del brindis intenta cuadrar al toro para entrar a matar. El toro no se deja cuadrar, “Gavira” se desespera y entra a matar desde largo excesivamente despacio, sorprendiendo al toro con la mano izquierda adelantada. Logró sin duda una gran estocada a volapié en todo lo alto, de efectos fulminantes pero a su vez fue corneado el torero en el vientre y volteado por “Saltador”. Una cornada seca con el cuerno derecho en la parte izquierda del hipogastrio. “Gavira”  a pesar de estar herido logra levantarse  sujetándose con ambas manos la enorme herida.  Llegadas las asistencias el torero se desvaneció en sus brazos y lo último que dijo fue: “¡me ha matado! Cuando lo llevaban en volandas por el callejón  camino de la enfermería a la altura del tendido 3, sus brazos cayeron inermes y su cabeza se abatió hacia la derecha con la mirada perdida en los ojos. Acababa de morir. El toro “Saltador” por su parte, rodaba como una pelota en el ruedo pocos segundos después. La plaza quedó tan conmocionada por el suceso que la presidencia dispuso suspender ahí el festejo. El parte facultativo del Dr. Segovia decía así: “Durante la lidia del tercer toro ha ingresado en esta enfermería el cadáver del diestro Enrique Cano “Gavira, que presenta una herida por asta de toro en la fosa ilíaca izquierda. La muerte le sobrevino por un “shock” traumático”.
En esta ocasión se cumplió en este valeroso y desafortunado torero, aquel antiguo refrán  taurino que dice: “estocada por cornada…ni el toro ni yo nos debemos nada”.

domingo, 14 de marzo de 2010

EL MIURA ‘CHOCERO’ LE PARTIÓ LA YUGULAR AL BANDERILLERO ‘LLUSÍO’ EN MADRID


Por El Zubi
Mariano Canet Lozano “Llusío”, fue un banderillero nacido en Valencia el 1 de septiembre de 1843, que murió con 32 años en la Plaza de Toros de Madrid, un 23 de mayo de 1875, de la cornada que el miura “Chocero” le dio en la yugular, en la parte izquierda del cuello.
“Llusío” figura como banderillero en 1864 en fiestas de pueblos de su provincia. Aparece por primera vez en corridas de toros en Valencia, el 20 de julio de 1866 a las órdenes del “Tato”.  Su muerte le sobrevino, actuando a las órdenes del diestro “Cara-Ancha”, el 23 de mayo de 1875 en la corrida de la Beneficencia. Su cogida la describe Antonio Peña y Goñi en su libro “Lagartijo y Frascuelo y su tiempo”, ya que el citado autor fue testigo presencial de los hechos.
En esta corrida se lidiaron tres toros de Veragua, tres de Saltillo y dos de Miura, para los diestros “Lagartijo”, “Currito” y “Cara-Ancha”. Precisamente “Lagartijo” dio aquel día la alternativa  a “Cara-Ancha” y según cuenta la crónica, la corrida fue muy accidentada y peligrosa para los toreros.
El miura “Chocero” se lidió en sexto lugar. Era un toro castaño, ojo de perdiz, meleno y astillado del izquierdo. Tomó siete varas y mató tres caballos. Una vez cambiado el tercio salió a banderillear un peón desconocido hasta entonces en Madrid: Mariano Canet “Llusío”, que insistió además en hacerlo cuando sus compañeros se disponían a hacerlo. Canet cogió los palos y se fue hacia la res por derecho, llegó al centro, clavó el par un poco bajo a la derecha y se quedó parado en el embroque. El toro humilló y lanzó un hachazo que alcanzó violentamente al torero volteándole. Antes de que “Llusío” llegara al suelo, el toro le dio un segundo derrote seco. Ya en la arena “Llusío” trató de incorporarse,  pero “Chocero” lo empitonó de nuevo con gran ímpetu y lo volvió a cornear y a pisotear con rabia y furia, hasta que el toro salió del encuentro por su viaje natural. Canet se levantó llevándose la mano izquierda al cuello, donde se le apreciaba claramente una tremenda herida que sangraba abundantemente.
Las asistencias le cogieron con rapidez, en el momento en que el torero dejó caer sus brazos y se desmayó, siendo conducido rápidamente a la enfermería. Allí llego desangrándose por la yugular izquierda, que la tenía completamente cercenada. Testigos presenciales cuentan que “Llusío” gritaba agónico: “¡Agua que me ahogo! ¡Madre mía de mi alma no te volveré a ver!. Esas fueron las últimas palabras que salieron de su boca, ya que Mariano Canet moría segundos después,  a los quince minutos de ocurrirle el percance.
Antonio Peña y Goñi en su crónica, a modo de reproche, apunta que “ni un capote, ni uno tan sólo acudió a socorrer al torero” cuando fue alcanzado por el astado la primera vez, y acusa a toreros y banderilleros  que allí actuaron aquel día de haber dejado a “Llusío” a merced de una fiera encelada. Su muerte causó una gran conmoción, por lo accidentado de la corrida y por ser la primera que ocurría en la enfermería de la nueva plaza madrileña. Mariano Canet “Llusío” recibió sepultura el 25 de mayo en Valencia, su tierra natal.

sábado, 13 de marzo de 2010

“MORENITO DE VALENCIA” MURIÓ EN GAUYAQUIL (ECUADOR), DE UNA GRAVISIMA CORNADA EN EL VIENTRE


Por El Zubi
Aurelio Puchol “Morenito de Valencia”, fue un matador de toros nacido en Aldaya (Valencia) el 26 de marzo de 1914. Murió con 39 años toreando en Guayaquil (Ecuador), cuando un toro de la ganadería de Lorenzo Tous le propinó una fortísima cornada en el vientre un 11 de octubre de 1953.
Aurelio Puchol se formó como novillero toreando en las plazas de la zona de Levante y Cataluña en las que tenía cierto prestigio. Se presenta en Madrid como novillero en agosto de 1939 junto a Cecilio Barral y Luis Mata, aunque antes en Marsella  el 25 de octubre de 1936, hizo la pantomima de tomar una falsa alternativa de manos de El Estudiante. Su mejor temporada fue sin lugar a dudas la de 1940, lo que le empujo para decidirse a tomar la alternativa en serio pronto, cosa que hizo en Valencia un 21 de julio de 1941, de la mano de Juan Belmonte Campoy, actuando de testigo Manuel Martín Vázquez, con ganado de Vicente Charro. En 1943 participa  en 17 corridas de toros, el año que más actuaciones sumó pues desde ahí su carrera fue descendiendo como un rayo, hasta tal punto que tres años más tarde torea sólo en tres ocasiones. Mal viviendo pasa en España  cinco años más, entrenándose durante los inviernos en ganaderías salmantinas, en Matilla de los Caños,  hasta que decide marcharse a probar suerte en América. En estos años además tuvo graves percances en los pocos espectáculos taurinos en los que tomó parte, como el ocurrido en Vinaroz en 1942 en que un toro le metió el cuerno por la axila derecha o la cornada recibida en Valencia (Venezuela) en 1949 que le atravesó el muslo.
En 1948 el infortunado “Morenito de Valencia” decide irse a América a buscar lo que precisamente su patria le niega: contratos para torear, y lo que son las cosas, ya no volvería más a su tierra pues allí se dejó la vida. Pasa unos años en Colombia y Venezuela toreando con cierto éxito. El 11 de octubre de 1953 lo contratan para torear en la Plaza de Toros de Guayaquil (Ecuador) con ganado de don Lorenzo Tous, y en el segundo de su lote, cuando toreaba de muleta, quiso adornarse dando un pase de rodilla, con tan mala fortuna que el toro le dio una cornada seca en el vientre espectacular con salida  de los intestinos. Una cornada tan fea que él público de la plaza quedó muy impresionado, y aunque no se suspendió el festejo, los tendidos comenzaron a quedarse vacíos.  La cogida fue tan grave que Aurelio Puchol murió a los pocos minutos de llegar a la clínica donde fue conducido a la carrera desde la Plaza de Toros.
Aurelio Puchol “Morenito de Valencia” fue lo que se dice un torero del montón, currante y peleón, que tenía oficio y facilidad para torear pero estaba falto de arte y de esa chispa comunicativa que todos los toreros deben de tener para  emocionar al público con sus faenas. Además cometió el grave error de no tomar la alternativa en la Plaza de Madrid, cuestión esta que le cerró mucho las puertas del éxito y le perjudicó de manera evidente en su carrera. Para definir en pocas palabras el estilo de este desafortunado torero, se podría decir que su toreo era vulgar aunque ejecutado con conocimientos y buen sentido, lo que hacia que el resultado fuera poco brillante.     

jueves, 11 de marzo de 2010

“MARIANO MONTES MURIÓ EN LA MISMA PLAZA DE ‘VISTA ALEGRE’ A CAUSA DE VARIAS CORNADAS MORTALES”


Por El Zubi
Mariano Montes Mora fue un valiente matador de toros nacido en Portillo (Toledo) el 22 de abril de 1894,  que murió en Carabanchel el 18 de junio de 1926 con 32 años, en la enfermería de la Plaza de Toros de “Vista Alegre”, a consecuencia de las tremendas cornadas que le dio el toro “Gallego” de la ganadería de Florentino Sotomayor.
En los ambientes taurinos se le conocía con el apodo de “Mataocho”, por la gesta heroica que llevó a cabo en la Plaza de Toros de Madrid, el 15 de agosto de 1920, siendo aún novillero. Se lidiaban ocho novillos de la ganadería portuguesa de Palhá Blanco, que debían de matar los novilleros Faustino Vigiola “Torquito II”, Ramón Fernández “El Habanero”, Emilio Mayor “Mayorito” y Mariano Montes. Ocurrió aquel día que el primer novillo de Palhá que salió para lidiarse, mando a la enfermería a todos sus compañeros de cartel y Mariano Montes tuvo que despachar él solito a los ocho cornúpetas, cosa que hizo por cierto, muy bien pues cortó varias orejas y recibió una grandísima ovación del público. Cuando terminó el festejo, el público entusiasmado lo sacó en volandas a hombros de la plaza, situada entonces donde hoy se encuentra el Palacio de Deportes, y se lo llevaron calle Alcalá abajo hasta la misma Puerta del Sol. Tuvo que intervenir la autoridad porque tal bullicio y exhibición de alegría interrumpió el escaso tráfico rodado que por aquel entonces tenía Madrid.
Aquel año toreó Montes 26 novilladas con gran brillantez y se preparó para su alternativa, que la tomó precisamente en Córdoba, en la Plaza de los Tejares el 25 de septiembre de 1921, de manos del matador “Joseíto de Málaga”. Tras pasar una breve temporada en Perú regresa a Madrid donde confirma su alternativa el 25 de mayo de 1922, actuando de padrino esta vez el matador Matías Lara “Larita”. Durante los años siguientes el público se olvidó pronto de su hazaña y eran escasos los contratos que le llegaban. Además el torero no era bien visto por la empresa de la Plaza de Madrid, así que el toledano buscó su sitio en la de Carabanchel.
Así pudo torear en “Vista Alegre” el 18 de junio de 1926, su última corrida de toros, pues allí le aguardaba la muerte. Aquella tarde alternaba en los carteles junto al rejoneador Alfonso Reyes y el diestro Antonio Sánchez. Fue en el segundo de su lote, el quinto toro, de nombre “Gallego” de la ganadería de Florentino Sotomayor, al que Montes le dio dos lances con la capa bastante buenos. Al recogerlo en el tercer lance, el toro se le vino encima, empitonándolo por la entrepierna y arrojándolo violentamente al suelo. Mariano intentó incorporarse, y ese fue su error, pues el toro hizo de nuevo por él y ahí lo mató. Al ir a incorporarse el animal metió de nuevo la cabeza, lo enganchó y lo lanzó con fuerza al aire dándole una vuelta de campana.
Mariano Montes fue recogido rápidamente por los auxiliares y trasladado a la enfermería manando abundante sangre de sus heridas. Una vez allí los médicos le apreciaron una tremenda herida en el triángulo de scarpa izquierdo, con sección completa del paquete femoral, y otra herida en la región costal izquierda, al nivel del noveno espacio  intercostal, penetrante  de vientre y tórax, con salida del epiplón y herida de pulmón, con gran hemorragia. Las heridas eran sin duda mortales de necesidad, y el infortunado lidiador murió allí mismo en la enfermería veinte minutos más tarde... Poco pudieron hacer por él los médicos sino certificar su defunción.
Dice la crítica contemporánea al torero toledano, que Mariano Montes no fue nunca un gran torero, pues ni lidiaba bien ni tenía arte, sólo mucho valor, tanto que en el ruedo establecía un verdadero pugilato con el animal, aunque todo el mundo lo reconoció como un gran “estoqueador”, suerte esta en la que Mariano Montes se entregaba, ejecutándola con decisión y valentía exponiendo continuamente. Sin embargo murió en el primer tercio, lanceando de capa al toro. Cosas del destino.         

miércoles, 10 de marzo de 2010

EL MIURA “DESERTOR” MATO A DOMINGO DEL CAMPO DE UNA CORNADA EN LA INGLE


Por El Zubi
Domingo del Campo Alcaraz “Dominguín”, fue un matador de toros nacido en Madrid el 12 de junio de 1873, que murió con 27 años en Barcelona, a consecuencia de la tremenda cornada que el miura de nombre “Desertor” le infirió en la ingle. Provenía de una familia muy pobre. Su afición por los toros le llegó muy pronto en el taller en el que trabajaba de aprendiz, donde se fabricaban banderillas, puyas, rejones y otros objetos relacionados con la lidia. Un taller  que en realidad se convirtió para él en una escuela de técnica taurina, donde todo el mundo exponía su opinión sobre el tema.
Tras un azaroso aprendizaje, debuta de luces en Madrid en 1893 y logra allí tomar la alternativa el 28 de octubre de 1898 de manos de Rafael Bejarano “Torerito”, alternando con Antonio Moreno “Lagartijillo” y Emilio Torres “Bombita I”, con toros de la ganadería de Ibarra. Su  carrera fue en ascenso desde esa fecha y alternó por las plazas españolas con Guerrita, Torerito, Parrao, Algabeño, Ricardo Torres “Bombita”, Antonio Fuentes...
Fue contratado para torear el 7 de octubre de 1900 en Barcelona una corrida de don Eduardo Miura, en un mano a mano con José García “Algabeño”. El primer toro que le tocó en suerte fue “Desertor” negro mulato, a quien lanceó bien con la capa y logra colocarlo en suerte para ser picado por Moreno, su picador. “Dominguín” se situó en la cola del “miura” para hacerle el preceptivo quite. El toro manseó, se dolió en el castigo y  salió del caballo por piernas disparado, encontrándose en su camino a Domingo del Campo, que no tuvo tiempo ni siquiera tiempo para desplegar el capote y zafarse de su acometida. “Desertor” lo empitonó y le metió el cuerno de mala manera por la ingle izquierda infiriéndole una tremenda cornada. “Algabeño” se echó encima del toro y tras muchos esfuerzos le hizo el quite llevándose al animal lejos del herido, aunque antes de lograrlo el toro había golpeado fuertemente a “Dominguín”  arrastrando su cuerpo varios metros por el ruedo.
Las asistencias se llevaron a la carrera al torero malherido a la enfermería. Allí fue atendido por el doctor Raventós, que le apreció una herida penetrante  en la región inguinal izquierda, con rotura de la safena, de diecisiete centímetros de profundidad y con abundante hemorragia. El pronóstico del médico fue de “gravísimo”. Por voluntad de “Algabeño” hubo junta de médicos en la plaza, los cuales dictaminaron que la vida del torero herido tenía difícil salvación. Su agonía duró cinco o seis horas. Murió en la plaza a las diez de la noche de aquel mismo día, acosado por horribles dolores, llamando a gritos a sus padres y hermanos, en brazos de su picador “Badila”, a quien, según cuentan, pidió un beso antes de morir. Su muerte afectó mucho a su compañero de cartel José García “Algabeño”, que ordenó embalsamar su cadáver y sufragó los gastos de entierro y traslado de su cuerpo a Madrid, donde recibió sepultura en medio de una gran manifestación popular de duelo.
En “Dominguín” predominó el valor sobre cualquier otra cualidad. Era una promesa del toreo cuando se cruzó en su camino el miura “Desertor”. Era hábil con el capote, los palos y la muleta, e instrumentaba magníficas estocadas. No tuvo tiempo de hacer mucho más que lo hecho. Cinco años de novillero y dos de matador de cartel no le valieron para encumbrase, pasando a la historia del toreo como una esperanza frustrada de forma trágica por un “miura”.


 
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