A nuestros lectores...

Mano a Mano se ha enriquecido, hoy presentamos gustosos a nuestra nueva pluma: Pedro Julio Jiménez Villaseñor, esperamos que sea de su agrado y lo disfruten tanto como nosotros.



Un olé para todos.



Pasifae y El Zubi

jueves, 31 de diciembre de 2009

MURIO EL TORERO CORDOBES ANTONIO SANCHEZ FUENTES


El gran torero cordobés Antonio Sánchez Fuentes falleció hoy 31 de diciembre en Córdoba, después de sufrir una penosa enfermedad. La misa funeral por el alma del diestro se celebrará mañana 1 de enero, en la Iglesia de San Miguel, de Córdoba. La familia recibe el duelo en el Tanatorio de las Quemadas. Antonio Sánchez Fuentes, pasará a la historia del toreo cordobés, aparte de por sus méritos profesionales, por haber sido integrante del cartel del último festejo celebrado en la desaparecida plaza de Los Tejares. Esa tarde alternó con José María Susoni y Agustín Castellano “El Puri” lidiando novillos de herederos de Enriqueta de la Cova.
Antonio Sánchez Fuentes nació en el barrio de los Olivos Borrachos. Tuvo en su familia varios toreros- su padre y su tío “Camará II”, su hermano Paco, banderillero notable y sus primos los Sánchez Saco.
Antonio toreó la primera vez en un tentadero en la ganadería Sánchez de Puerta. Contaba entonces 13 años. No asiste a ninguna escuela taurina, entrena junto a su hermano Paco y José María Montilla. Se presenta ante el público en una becerrada en Alcolea, y con apenas media docena de festejos toreados, debuta con caballos en Cabra (8-9-1959 ) alternando con Curro Puya y Alfonso Ordóñez. Esa tarde cortó cuatro orejas y un rabo. En Córdoba se presentó el 20 de noviembre de 1960, junto a Alfonso Gómez Ramiro y Manuel Sánchez Saco, para lidiar novillos de Román Sorando. Y en Madrid el 19 de marzo de 1964 con novillos de Moreno de la Cova, completando el cartel “Currillo” y Eduardo Ordóñez. Esa tarde cortó dos orejas y salió en hombros. Tomó la alternativa en Córdoba el 27 de mayo de 1965 de manos de Diego Puerta con Paco Camino de testigo. Cortó una oreja al toro del doctorado, de la ganadería de Monte San Miguel y en el sexto dio una vuelta al ruedo. Confirmó en Madrid el 11 de julio del mismo año, de manos de Paco Corpas, con José Martínez “Limeño” de testigo. Esta temporada se han cumplido cuarenta años de su retirada. Su último festejo lo toreó en Madrid (1968) cortando una oreja a su primero y dando dos vueltas al ruedo en el segundo.
En diez años en activo sufrió otras tantas cornadas de las cuales dos fueron extremadamente graves. Sin embargo reconocía que ser torero es lo mas grande del mundo, aunque conlleve amarguras y sufrimientos, adobados, eso si, con éxitos de los que no se olvidan, como las dos tardes que salió de Las Ventas a hombros, una de ellas cortando solo una oreja.
Cuando Antonio Sánchez Fuentes deja el mundo del toro, se convierte en un importante y prestigioso empresario del mundo del automóvil.
Esta es en síntesis la historia taurina de un honrado y voluntarioso matador de toros cordobés que ha fallecido el último día de 2009, con cuarenta y cuatro años de alternativa.
Ladislao Rodríguez Galán

MONUMENTO A JOSELITO EN GELVES

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HISTORIA DEL MONUMETO A JOSELITO “EL GALLO” EN SU PUEBLO NATAL, GELVES (SEVILLA)

Por El Zubi
José Gómez Ortega, Joselito “El Gallo”, nació a las once de la mañana de un 8 de mayo de 1895, en la ribereña y sevillana localidad de Gelves, en el número 2 de la antigua calle de La Fuente, en la Huerta del El Algarrobo. Fueron sus padres el gran torero Fernando Gómez García y la gaditana Gabriela Ortega Feria, gitana y bailaora, hija de Enrique “El Gordo”. Joselito fue bautizado siete días después de su nacimiento en la Parroquia de Santa María de Gracia de Gelves, de manos del presbítero Manuel de la Paz Daza, y le impusieron los nombres de José Miguel Isidro. Dos años más tarde la familia se traslada de Gelves a Sevilla, a la calle Relator muy cerca de la Alameda de Hércules, donde Joselito de pequeño diera sus primeros capotazos de salón. A pesar de abandonar de pequeño su pueblo natal, ni Joselito olvidó jamás a Gelves, ni Gelves a Joselito.
El Ayuntamiento de Gelves, en marzo de 1962 aprobó la idea de erigir un monumento que perpetuara su memoria, con motivo de la celebración del 50 aniversario del día en que tomó el torero la alternativa. Dicha celebración tuvo lugar en la Plaza de la Maestranza de Sevilla en la feria de septiembre de 1962. Para desarrollar el proyecto del monumento a Joselito, el Ayuntamiento creo una Comisión Ejecutiva presidida por el entonces alcalde Manuel Salazar Bermúdez, e integrada por el notario de Coría, Luís Bollaín Rosalem, Pedro Ciaurriz Benítez (que cedió los terrenos donde hoy se encuentra la Plaza de Joselito “El Gallo” en Gelves), José Mª del Rey Caballero, Eduardo Miura y el concejal Ramón Calero. Paralelamente se creo una Comisión de Honor integrada por Mª del Rosario Cayetana Stuart Fitz-James y de Silva, Duquesa de Alba, y los vocales Juan Belmonte García (el torero) y José Mª de Cossío.
Los acuerdos que se tomaron el día de la constitución de la comisión ejecutiva fueron entre otros, la recaudación de medios económicos para costear este monumento, mediante la organización de diferentes actos benéficos y cuestación popular en toda España. Entre los actos organizados destacaron una corrida de toros que se celebraría el 18 de abril de 1963, en la que participó entre otros el maestro Antonio Ordóñez. También se celebraron algunos recitales de poesía, gracias a la sugerencia hecha por el Centro Cultural Jerezano. Esta entidad recomendó así mismo que los recitales de poesía fueran dirigidos por Pepe González. La idea era, que este señor recorriera a pie la distancia que separa Jerez de la Frontera de Madrid (632 Km.), y a su llegada, gracias a la labor de Alberto Oliveros, locutor de Radio Madrid y director del programa “Los Formidables”, le esperaría un recibimiento colosal para llenar la Plaza de las Ventas o Vista Alegre , donde tendría lugar el último recital. Todo lo recaudado se destinó al proyecto del monumento.
Hay que apuntar que la muerte de Juan Belmonte a los pocos meses de crearse la Comisión de Honor, fue un duro contratiempo en el proceso de recaudación para la construcción del monumento, pues durante un tiempo se paralizó por completo el proyecto, aunque más tarde se lograría. Así pues de inició el concurso para la elección de la escultura. Fue un concurso de carácter general para escultores de toda España, con tema libre. El certamen se publicó en el “Ya”, “El Correo de Andalucía” y “La Hoja del Lunes” del 7 de marzo de 1963, con su bases. Fueron muchos y muy buenos los escultores que participaron en el concurso, algunos de ellos muy famosos: Pedro Barral, Venancio Blanco, Carmelo Pastor, Alfonso Sánchez Colomina, Ricardo Extremeño, Amadeo Ruíz Olmos, Emilio Laiz Campos... pero el ganador fue el escultor marchenero Federico Coullaut Valera, cuya maqueta pesaba 63 kilos. El monumento pues a Joselito “El Gallo” en la Plaza del mismo nombre de Gelves, tuvo lugar el 26 de abril de 1964. El peso del conjunto escultural es de 700 kilos. En él, la figura de Joselito “EL Gallo” mide más de 2 metros de altura, mientras que el toro de dimensiones acordes con esta medida, aparece tendido y agonizante a sus pies, atravesado por su espada. El monumento, de estilo clásico, cuenta con unos relieves que recogen las suertes del toreo, así como el famoso pase de Joselito “el quiriquiquí”. A la ceremonia de inauguración asistieron numerosas personalidades del mundo del toreo y también, de la aristocracia, destacando sobre todo a la Duquesa de Alba que presidió el acto de inauguración. Como curiosidad, cabe decir que el costo de la obra y el monumento a Joselito fue de 615.190,62 pesetas (ejecución material, honorarios del arquitecto del proyecto y la dirección, así como del aparejador).
El escultor Federico Coullaut Valera, describe en el proyecto de su obra cuales fueron sus intenciones a la hora de concebirlo: “he tratado de perpetuar plásticamente un monumento de emoción a la Fiesta Nacional, ya que ésta emoción que despierta es lo que apasiona y ama la afición popular. La parte escultórica representa al torero cumbre en el momento inmediato de lidiar al toro; éste queda caído mortalmente, en intención de que no reste interés a la figura del gran torero, frente al vencido y bello animal, mira al público con la cabeza erguida y recogida su muleta en gallarda y torera actitud de triunfador”. El grupo escultórico se sitúa sobre un pedestal rectangular de piedra de Colmenar, en el centro de un tranquilo jardín de este pueblo sevillano de Gelves, a pocos metros de la ribera del Guadalquivir.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Frascuelo en Churriana (Granada)

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CHURRIANA (GRANADA) ERIGIO UN MONUMENTO A SU TORERO MAS CELEBRE: FRASCUELO

Por El Zubi
El 10 de junio de 2002 fue inaugurado un monumento a la memoria del torero Salvador Sánchez Povedano “Frascuelo”, en su localidad natal de Churriana de la Vega (Granada). El conjunto escultórico ha sido realizado por el artista Jesús Palacín Gómez, y está realizado en bronce. Muestra a un toro de tamaño real sobre el que posa el busto del torero granadino.
Frascuelo vivió en la segunda mitad del siglo XIX, se hizo torero en Madrid y alternó con toreros como Lagartijo (su gran rival), Guerrita, Mazzantini. Toreó su última corrida el 12 de mayo de 1888, con toros de Veragua, y le banderilleó en su honor Guerrita. Falleció en 1898 en Madrid, de una pulmonía en casa de unas de sus hijas. Fue un torero de una gran personalidad, de valor ostentoso y desgarrado, de mucho amor propio, según cuentan.
En el acto de inauguración del monumento en Churriana, el escultor Jesús Palacín manifestó: “ha sido una obra que fue creciendo poco a poco, aunque empezó desproporcionada, pero a base de fuerza y tomando el espíritu de Frascuelo, he podido darle forma. Palacín, que afirmó no ser aficionado a los toros, señaló que “he ido tomando cariño a la obra poco a poco porque su desarrollo ha sido un infierno y mi única satisfacción es verla ya aquí terminada y en su sitio en Churriana”.
El coste total del monumento, aún no está cerrado, aunque estará en torno a los ocho millones de pesetas, con la tarifa del autor incluida, aunque sólo la fundición ha costado cuatro millones y medio de pesetas.
La noche de la inauguración, el alcalde de la localidad granadina Vicente Valero, manifestó que “el objetivo de la obra es el reconocer a uno de los hijos más queridos del pueblo, como así decidió el pleno municipal por unanimidad hace tres años”. Valero recordó que el torero donó a finales del siglo pasado 30.000 reales al pueblo de Churriana para que se repartieran entre los pobres de la localidad, aunque se separaron 3.000 reales para arreglar la ermita de la Virgen de la Cabeza, pero Frascuelo, al enterarse, los puso él de su bolsillo y financió también la construcción del campanario de la iglesia principal de Churriana.

martes, 29 de diciembre de 2009

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RECUERDO AQUELLA PLAZA DE TOROS ANTIGUA QUE TENÍA LUCENA (CÓRDOBA)...
Por El Zubi
Recuerdo aquella Plaza de Toros que tenía Lucena (Córdoba), donde yo iba desde muy pequeño. Mi padre nos llevaba a mis hermanos y a mí a los toros. En esa plaza ya destruida por la piqueta, nació la afición y la pasión que ahora siento por la Fiesta de los Toros. La última vez que pisé su ruedo fue hace treinta años, cuando ya estaba prácticamente en ruinas, y entré en ella como alumno de la autoescuela en la que me estaba sacando el carnet de conducir, pues el ruedo se utilizaba de pista para las prácticas de conducir. Allí aprendimos muchas personas a aparcar y a hacer la rampa. Recuerdo perfectamente aquella placita de toros de mi pueblo. Era bonita, pequeña, acogedora y singular. Cerca de la entrada, en el pasillo interior en donde desembocaban los vomitorios de las gradas y tribunas, había colocada una placa de mármol, de homenaje al único matador de toros que ha dado Lucena, Francisco López Parejo “Parejito”, muerto en 1932 a consecuencia de una cornada en el vientre, en un espectáculo taurino en Jaén, donde resultó cogido dos años antes de su muerte. Sólo Dios sabe que habrá sido de esa placa de mármol. Lo único cierto es que ya no existe ni plaza ni placa.
Fue en 1992, con motivo de la Expo de Sevilla, cuando volví a recordar a esta entrañable plaza, con motivo de una exposición organizada por la Consejería de Obras Públicas y Transportes de la Junta de Andalucía, sobre Plazas de Toros singulares de España. En esta exposición se recogía la historia urbanística y arquitectónica de 52 plazas de toros singulares de España. Y miren ustedes por donde, entre esas 52 se encontraba la de Lucena. Al verla reflejada en esa exposición, confieso que sentí una emoción indescriptible, porque se me agolparon multitud de recuerdos en mi cabeza en milésimas de segundos y también una vergüenza enorme de que alguien se diera cuenta de que yo era de Lucena, pues la historia de su demolición es para que a todo el pueblo se le cayera la cara de vergüenza. A esa plaza que veía en esos planos y fotografías, me llevó mi padre de pequeño infinidad de veces, y vi torear allí muchos espectáculos del Bombero Torero, y ya siendo un chaval llegué a ver a Manuel Benítez “El Cordobés” cuando aún era novillero. Si dudarlo un momento conseguí el catálogo de la exposición. Un extraordinario libro elaborado por Gonzalo Díaz-Y. Recasens, catedrático de Proyectos Arquitectónicos de la E.T.S.A. (Sevilla). Por esta exposición y libro supe que este coso de Lucena fue construido a finales del siglo XIX, sobre un edificio de planta rectangular, con un frontal de viviendas y dependencias de dos plantas donde estaba la puerta principal de acceso al ruedo. Era de forma poligonal, de dieciséis lados, y no tenía barrera, sino una contrabarrera de piedra y sillares, en la que había cinco o seis burladeros de madera. Las dependencias de la plaza estaban ubicadas en las cuatro esquinas de su planta: las cuadras, patio de caballos, desolladero, enfermería, toriles y chiqueros que daban directamente al ruedo. Tenía sus tendidos, y gradas con balconadas sólo en la zona de sombra, que estaban cubiertas de tejadillos y tenían unos ventanucos con postigos que daban al exterior justo a la puerta principal de acceso al recinto. El ruedo era de 51,50 metros cuadrados y los tendidos de gradas eran muy cómodos, con un ancho de 9,50 metros y una altura máxima de 5 metros. Su aforo era para 5.500 personas.
Una lástima que la indolencia de esta ciudad permitiera su demolición, pero Lucena es así. Hoy en día el solar donde estaba ubicada esta singular plaza de toros, está ocupado por un disco-pub de verano llamado “El Ruedo” (¡qué sarcasmo!). Ahora un grupo de empresarios y aficionados lucentinos, aupados por el Ayuntamiento de la ciudad, han construido una bellísima, moderna y funcional Plaza de Toros, diseñada por el arquitecto Juan González Prieto, que parece ser ha devuelto la honra taurina a Lucena. En todo caso Lucena no tendrá más esa bonita plaza de toros antigua donde mi padre me llevaba de chico a ver al Torero Bombero, y nuestros hijos sabrán que era muy singular su arquitectura, por ese libro que publicó la Junta en 1992. Una triste guasa, ...no me digan.

domingo, 27 de diciembre de 2009

RONDA (MÁLAGA): MONUMENTOS A LOS TOREROS RONDEÑOS “EL NIÑO DE LA PALMA” Y A ANTONIO ORDOÑEZ


Por El Zubi
La ciudad de Ronda (Málaga) pagó una deuda moral e histórica con dos de sus hijos más preclaros el sábado 7 de septiembre de 1996 al inaugurar estos dos monumentos, en la Puerta del Picadero de la Real Maestranza de Caballería, en homenaje a Cayetano Ordoñez Aguilera “Niño de la Palma” y a su hijo el maestro Antonio Ordoñez Araujo.
“El Niño de la Palma” nació en Ronda el 4 de enero de 1904 y murió en Madrid el 28 de septiembre de 1961. Su padre tenía un pequeño comercio en Ronda llamado “Zapatería de la Palma”, de ahí el sobrenombre que Cayetano popularizó. Tomó la alternativa en Sevilla el 11 de junio de 1925 de manos de Juan Belmonte y actuó de testigo el “Algabeño” con toros de la ganadería de Félix Suarez. La confirmó el 16 de julio de se año en Madrid, con Luis Freg, Nicanor Villalta y “El Litri”. El crítico taurino Gregorio Corrochano después de presenciar una actuación suya en Sevilla escribió la célebre frase: “Es de Ronda y se llama Cayetano”. Su virtud residía en unir clase y condición de torero valiente, variado y largo.
Su hijo Antonio Ordoñez Araujo “el maestro de Ronda” nació en la citada ciudad el 16 de febrero de 1932. Tomó la alternativa el 28 de junio de 1951 de manos de Julio Aparicio en presencia de “El Litri”. Se retira en San Sebastián el 12 de agosto de 1971. Pasará a la historia como el torero que ha practicado el toreo más profundo, hondo, inmenso y artístico, que llegó a rozar la perfección si no fue la perfección misma.
Los orígenes de estos dos monumentos hay que buscarlos en un artículo de Ramón Flores publicado en la revista “Puente Nuevo” de Ronda, de febrero de 1992, titulado “Yo te busco por Ronda, Cayetano, y no te veo”, en el que el autor reclama con nostalgia la presencia de Cayetano en Ronda en una estatua junto a su hijo, artículo en el que se apunta incluso el sitio ideal para ubicar estas dos esculturas: la Puerta del Picadero de la Maestranza de Caballería de Ronda. Esa fue la llama de la iniciativa ciudadana de rondeños, que cuajó en una Comisión de Trabajo, que el 17 de abril de 1992 quedó constituida como “Comisión Organizadora”. Desde un principio esta Comisión estuvo formada por Faustino Peralta, Juan Rodríguez, Ramón Flores, Diego Albarracín, Francisco Garrido, Dolores Aguirre Ibarra y Juan Bosco Trigueros Galán.
A los pocos días se abre un concurso para exponer las maquetas de escultores que concurrieron para hacer los monumentos, que fueron: Pablo Díaz García, de Málaga; Miguel Romero Morena, de Granada; Miguel García Delgado, de Sevilla; Nicomedes Díaz Piquero, de Sevilla; Francisco Parra García, de Sevilla; Luis Alonso, de Málaga y M. John Fulton, norteamericano. Tras varias reuniones y debates la Comisión se decanta por la obra del escultor abulense afincado en Sevilla, Nicomedes Díaz Piquero. Así mismo se aprueba que el gasto del monumento correría a cargo de las distintas entidades: presidencia de honor, Ayuntamiento, Real Maestranza, Fundación Unicaja, Junta de Andalucía, Diputación de Málaga y una suscripción popular. El alcalde de Ronda en aquellos días era Juan Fraile Cantón.
El 31 de marzo de 1995 se firma el contrato de obra entre la Comisión Organizadora y el escultor Nicomedes Díaz, para la ejecución de las dos esculturas por un precio total de 10.250.000 pesetas, esculpidas ambas en posturas características y con retratos de los personajes. Las dos obras las lleva a cabo Nicomedes Díaz en el taller de Vicente Pérez en Mairena del Aljarafe (Sevilla), donde se hizo la fundición.
Nicomedes Díaz Piquero, nació el 15 de septiembre de 1936 en el Tiemblo, provincia de Ávila, cerca de la Sierra de Gredos. Se formó en la Escuela de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría en Sevilla, terminando sus estudios en la Escuela de San Fernando de Madrid en 1959. Desde un principio este artista abulense se instala en Sevilla. Nicomedes Díaz es un escultor que emplea diversos materiales para sus obras: barro, madera y piedra, y asiduamente el hierro y el bronce. En su fecunda obra artística coexiste la obra figurativa con la constructivista y abstracta, y por encima de todo destaca como un gran retratista.
Nicomedes Díaz concibe las dos esculturas de la siguiente forma: la figura de Antonio Ordoñez se sitúa de espaldas al toro, intentando recrear el momento en el que el matador finaliza una faena triunfal. Por su parte, Cayetano Ordoñez “Niño de la Palma” aparece con el capote totalmente abierto en un adorno con los pies juntos. Ambas figuras son un retrato real de los personajes. La finura de la muleta de Ordoñez y la belleza de los vuelos del capote de Cayetano.
Los monumentos se inauguraron el 7 de septiembre de 1996 a las 13:30 horas, y se contó con la presencia del propio maestro Antonio Ordoñez que estuvo acompañado de su familia. Acudieron a la cita las máximas autoridades políticas de las instituciones andaluzas, así como representantes del mundo cultural y taurino, y todo el pueblo de Ronda. Como anécdota cabe destacar que la estatua del “Niño de loa Palma” fue descubierta por su biznieto el torero Francisco Rivera Ordoñez. El maestro Antonio Ordoñez vivió este homenaje muy emocionado, y en su breve intervención dijo: “...con este monumento sé que tanto mi padre como yo, duraremos más que nuestra propia vida”.

LA EDAD DE ORO DEL CARTEL TAURINO: CARLOS RUANO LLOPIS FUE SU MAXIMO EXPONENTE


Por El Zubi

La verdadera y quizá irrepetible “Edad de Oro” del cartel taurino, del cartel de la Fiesta Nacional, transcurre desde el inicio de la Dictadura de Primo de Rivera (1923) hasta la Segunda República (1931). Recibe este nombre en función de que es en estos momentos cuando se fija y uniformiza de manera definitiva el cartel taurino, sentando las bases, las claves y características que le son propias y que perdurarán hasta la actualidad. Y en esta “Edad de Oro” del cartel taurino, hubo muchos artistas que trabajaron y aportaron buenas cosas a este género artístico, pero entre ellos destaca como una inmensa montaña entre suaves lomas, el artista alicantino Carlos Ruano Llopis, sin duda el mas grande cartelista taurino de la historia: el mas artista, el más torero, el mas castizo de los que ha habido y habrá. En este tiempo brilla y emula con él el pintor Roberto Domingo. Junto a ellos dos, también hay que citar al cordobés Julio Romero de Torres y al murciano Alcaraz, a J. Reus, Saavedra, a Antonio Casero, a García Campos, a Martinez de León (que ilustró el libro de Chaves Nogales sobre Juan Belmonte), Alvarez Carmena, Ballestar, Cros Estrem y otros muchos más que hay que considerarlos mas de segunda fila al lado de Ruano y de Domingo . Dicen los entendidos que Roberto Domingo era mejor pintor que Ruano, pero por sus ascendencia francesa (nació en Francia y desde pequeño vivió en España), nunca llegó a pronunciar como Dios manda las “erres”. El genial Roberto Domingo reconoció con nobleza en 1950 (año en que murió Ruano): “...en eso del cartel, Carlos ega el númego uno”. Dicen también que Ruano canturreaba pasodobles taurinos mientras pintaba los carteles y claro... así le salían: con una fuerza y una arte contundentes.
Carlos Ruano Llopis nació en Orba (Alicante) en 1879 y muere en México en 1950. En 1932 se marchó a México porque comprendió bien lo que se veía venir bajo los cielos de aquella España llena de nubarrones políticos: la guerra civil. En México fue muy querido, pues le acogieron con los brazos abiertos desde su primera exposición allí en 1933, con lances de Armillita, de canario y plata, y del malogrado matador Alberto Balderas, de grosella y oro. En México se casó con una hermosa dama de Oaxaca, doña Hortensia y tuvieron una hija, Carola, que siempre le profesó un inmenso amor a sus dos patrias: España y México.
Cursó sus estudios de arte en la Academia de San Carlos de Valencia. Publicó sus primeras pinturas taurinas poco antes de 1910 en abanicos y láminas que acompañaban cajas de cerillas (el papel de fumar“Mefisto”) con lances del tiempo de la retirada de Antonio Fuentes y de los comienzos de Bombita y Machaquito. Reflejó también en estos trabajos los tiempos de José y Juan, de Rafael El Gallo y Manolo Granero, trabajos que lo elevaron a la cumbre como cartelista.
Carlos Ruano Llopis fue heredero de la sensibilidad del aragonés Marcelino de Unceta y de la fuerza de Emilio Porset. Poseía la luminosidad mediterránea de su Orba natal, en Alicante y tenía en su interior las luces de Sorolla y de los hermanos Mariano y José Benlliure. Desde un punto de vista plástico, se puede considerar como heredero del “luminismo” plenairista --que se había desarrollado a principios del siglo XX fundamentalmente en la zona valenciana—del que se extraen sus últimas consecuencias: factura libre y autónoma, abocetamiento, paleta amplia y brillante, luminosidad, captación de la vibración y movilidad del espectáculo. Fue testigo a través de sus carteles, de los años que enlazan los tiempos de Guerrita con los de Manolete. Divide el cartel en dos registros: encabezamiento y centro. Incluye ya unas características definidas que serán persistentes en sus diseños durante todos estos años: el encabezamiento que contiene, además la frase “Plaza de Toros de...” en grafía decorativa, alguna escena secundaria con especial predilección por el tema femenino como protagonista de la Fiesta. Generalmente son majas o manolas ataviadas de forma típica con el mantón de Manila, mantilla de encaje o simplemente con flores en el cabello. Al fondo de estas figuras (que suelen ser de busto o tres cuartos) introduce distintos elementos parlantes que hacen directa alusión, bien a la ciudad donde se celebra el festejo (la Giralda, la Torre del Miquelet, la Puerta de Alcalá) o bien motivos relacionados con el desarrollo de la lidia, como testas de toro y de caballo adornadas con trastos taurinos. Un recurso muy utilizado por Ruano Llopis es el empleo de secuencias circulares, seguramente como clara alusión a la propia estructura formal del ruedo. Son panderetas, bastidores o tambores portados por figuras femeninas en cuyo interior o parche desarrolla una escena taurina. Este recurso lo inventó él y posteriormente fue utilizado por muchos otros cartelistas. Todos estos encabezamientos actúan en realidad, como tema introductorio al principal, que es el que se desenvuelve en el centro del cartel, ocupando las tres cuartas partes del mismo. Por lo que se refiere a la iconografía, Ruano Llopis siempre usa claramente tres temas fundamentales: la mujer –que sigue siendo protagonista en el centro del cartel—, las suertes de lidia y el toro.
Sus carteles recogen a los principales toreros de los años 30: Marcial Lalanda, de violeta y oro en el quite de mariposa; a Villalta de ceniza y oro en sus tafalleras y derechazos. Plasmó con la lealtad de una fotografía la revolera de Cagancho, de morado y oro; la media verónica de Antonio Máquez, de heliotropo y oro, con las vueltas del capote azules. En su obra está Vicente Barrera, componiendo con serenidad la muleta con la espada frente al toro, vestido de verde botella y oro; Feliz Rodríguez, de grosella y oro dando un pase de pecho; Chicuelo, de verde esmeralda y oro, dando el pase que lleva su nombre; Victoriano de la Serna en el pase de las flores. De su etapa mexicana, Ruano Llopis dejó geniales carteles con Manolete dando su estatuarios y manoletinas, de grana y oro. Sus apuntes a lápiz editados en 1932 se sienten como una imagen en vivo, por como captó con su lápiz el movimiento, el garbo de cada lance de capa, el aire marchoso de los banderilleros, la solemnidad de los pases de muleta y la grandeza de la suerte suprema, la estocada. Allí están los toreros de la II República: los comienzos de Pepito Bienvenida, de Alfredo Corrochano, El Estudiante, Jesús Solórzano, y Enrique Torres y de sus ídolos en el recuerdo: Manolo Granero, Manuel García “Maera” y Gitanillo de Triana.
Ruano Llopis va evolucionando progresivamente en su concepción del cartel hacia la escena única, dejando de lado la composición en dos registros, con lo que consigue uniformar definitivamente el género. La escena única se impone en torno a los años 1929-1932. En estos carteles elimina ya el encabezamiento, en el que ahora únicamente es protagonista la palabra “Plaza de Toros” en grafía decorativa, y rellena todo el resto con un solo tema. Desde el punto de vista plástico, la obra de Carlos Ruano Llopis se ha relacionado con el movimiento impresionista, quizás motivado por la abusiva identificación que tradicionalmente se hacía de cualquier pintura abocetada con el ismo francés. Ruano Llopis, como ya dije anteriormente, se debe de considerar como un cartelista heredero del “luminismo” valenciano, aunque adopta los presupuestos de éste de una forma más decidida que muchos de sus antecesores en el género. Aunque insuficientemente estudiado, Ruano Llopis ha sido el primer cartelista taurino en lo que se refiere a cantidad de carteles y modelos realizados a lo largo de su vida. A él se le debe la fijación definitiva de las características del género, aunque también es posible criticarle la falta de técnica, así como el hecho de que se trata de un artista que practica lo que en la historia del arte contemporáneo se conoce como el “diseño industrial o gráfico” , y por tanto, repetidor de fórmulas, con temas y factura manoseada, que cae en el adocenamiento y en las soluciones de recetario. A pesar de lo cual, para mal o para bien, los carteles de Ruano Llopis marcarán un esquema, una iconografía, una factura y un colorido que permanecerán prácticamente invariables hasta la actualidad. En 1993 Daniel Medina de la Serna publicó en México un espléndido libro dedicado a su memoria, a su vida y a su inmenso arte, y así lo tituló: “El arte de Carlos Ruano Llopis”. Una obra que yo mismo recomiendo a quien quiera saber mas sobre la vida de este genial artista alicantino que murió en tierras mexicanas y cuyo concurso como cartelista ha sido fundamental para la concepción actual de los carteles de toros.

sábado, 26 de diciembre de 2009

HISTORIA DEL MONUMENTO A JUAN BELMONTE EN EL ALTOZANO DE TRIANA (SEVILLA)


Por El Zubi
El 30 de septiembre de 1972 se inauguró en Sevilla este monumento escultural al torero Juan Belmonte apodado “El Pasmo de Triana”, barrio donde vivió desde niño, aunque en realidad nació en la calle Feria, en Sevilla. Tuvieron que pasar once años desde la muerte del torero, hasta que el Ayuntamiento, por iniciativa del Ateneo, decidiera construir un monumento en este popular barrio que recordara al torero de Triana.
Juan Belmonte tenía 70 años cuando murió. El periódico “El Correo de Andalucía” del 26 de noviembre de 1961 cuenta que “...Juan Belmonte se encontraba en su finca ‘Gómez Cardeña” en Utrera. Había hecho demasiado ejercicio para la hernia esofágica que padecía. Se retiró a su cuarto a descansar, y sus sirvientas oyeron un fuerte golpe: cuando llegaron estaba muerto tendido en el suelo. Se había dado un tiro”. Cuentan las crónicas que le administraron los Santos Óleos para poder enterrarlo en lugar sagrado porque “Belmonte... era Belmonte”.
El pueblo de Sevilla, a través de su Ayuntamiento no quiso olvidar a su hijo predilecto y se planeó construir un monumento en el barrio que él mas quiso, en Triana. Para ello se le hizo el encargó a un afamado escultor de aquellos años: Venancio Blanco, salmantino muy vinculado al toro y a su vez muy belmontista. Venancio Blanco tenía entonces 45 años, y se encontraba en su mejor momento artístico. Fue discípulo aventajado del famoso Gargallo, y su estilo era modernista pero impregnado de un toque clásico. Son muy famosas sus esculturas religiosas.
El monumento escultórico en cuestión, representa a Juan Belmonte vestido de luces de medio cuerpo, con su montera y su mentón prominente, que hace inconfundible el semblante del torero. La escultura está rodeada por un pequeño jardincillo con peldaños ubicado en las castiza anchura del Altozano, al lado del Puente de Triana, en la misma puerta del barrio. El coste total de la obra fue de 1.200.000 pesetas. Sólo la escultura en bronce costó 400.000 pesetas y el pedestal, jardincillo y peldaños 800.000. Tardó en construirse tres meses.
Se eligió esta ubicación, la puerta del barrio de Triana, porque Juan Belmonte solía reunirse en el Altozano cuando mozo con sus amigos de correrías. El vivió con su familia en la confluencia de la calle Betis y Pureza. Juan Belmonte cuando chiquillo, cuenta su hermano en una entrevista concedida a “El Correo de Andalucía” el día de la inauguración, jugaba a torear precisamente en aquella plazuela del Altozano. Desde allí se divisa la Maestranza y el Guadalquivir.
El día de la inauguración del monumento, tuvo lugar una misa en la Iglesia de “El Cachorro, oficiada por el párroco de la O. Juan Belmonte era teniente de hermano mayor de la Cofradía de “El Cachorro”. Al acto asistieron su viuda y sus tres hijos: Yola, Blanca y Juan, y los hermanos del torero. Presidió el acto el alcalde de Sevilla, Juan Fernández Rodríguez-García del Busto, y el concejal de Parques y Jardines Aurelio Murillo, (que era farmacéutico de Sevilla) y que fue el motor para que este proyecto llegase a buen fin. Entre los asistentes estuvieron el crítico Luis Bollain y don Gregorio Marañón. Cuentan las crónicas de ese día, que la plaza del Altozano se encontraba llena de público, y junto a las autoridades y personalidades, se encontraban sólo dos toreros: Antonio Ordoñez y Jaime Ostos.

jueves, 24 de diciembre de 2009

LOS COMICOS CHARLOT’S Y LLAPISERA APORTARON ESPECTACULO Y NUEVAS SUERTES A LA FIESTA. FUERON UN SOPLO DE AIRE FRESCO


Por el Zubi

Fue en los años en que triunfaban José y Juan (1915 a 1925) cuando hizo su aparición el toreo bufo o cómico, encarnado en el trío “Charlot’s, Llapisera y el botones Colomer”, en un espectáculo que adquirió en poco tiempo un inmenso interés popular, sobre todo porque sus actuaciones aportaban a la Fiesta alegría a los tendidos y espectáculo. Podría pensarse que esto fue un suceso aparentemente marginal y baladí, pero en realidad, de su auge se derivarían repercusiones psicológicas, financieras y artísticas en el toreo y en la Fiesta. Unas repercusiones que aun hoy en día no han sido debidamente analizadas ni valoradas por las Tauromaquias escritas, ni siquiera por la escrita por José María de Cossío, que no supo ver la trascendencia que tuvo este trío para la Fiesta de los Toros moderna.
Carmelo Tusquellas, fue un torerillo catalán que tuvo la ocurrencia de copiar las maneras y el atuendo de Charles Chaplin en una exhibición de toreo cómico en Barcelona. Lo vio actuar Eduardo Pagés, que era un aguililla como empresario …y llevado por su instinto comercial tuvo el acierto de unir en un mismo espectáculo el éxito de Charlot’s con otro espécimen del género llamado Rafael Dutrús “Llapisera”, que triunfaba por la región valenciana. La imagen resultante era original y simpática: Charlot´s de estatura mediana, bigotillo, sombrero hongo, traje y junquito del genial mimo del cine y Llapisera, un tipo alto, vestido de etiqueta, chistera y frac. A estos dos personajes Pagés le añadió al muchacho Colomer como botones a su servicio en la lidia, vistiendo también un impecable uniforme de botones. El impacto del trío en los ruedos, con su técnica, desparpajo y humor, fue como una bomba de éxito entre el público, de tal forma que llenaban las plazas y cosechaban triunfo tras triunfo, llenando de paso también las hasta entonces mal paradas arcas de los empresarios y del apoderado. La verdad es que este espectáculo sirvió para enjuagar los déficit empresariales de muchas Ferias, bajo la denominación de “charlotadas”. Por tanto, la cosa aunque parecía cómica resultaba muy seria. Este nuevo género de las “charlotadas”, frívolo o cómico, revolucionó en su día el mundo de los negocios taurinos, habida cuenta de que Eduardo Pagés era el empresario de las Plazas de Sevilla, San Sebastián, Bayona, Gijón, Valladolid, a la vez que “exclusivista” de las reapariciones de Belmonte y el Gallo y más tarde apoderado de Domingo Ortega.
Pero lo más interesante del estudio y análisis de este género cómico es la gran influencia que ejerció en el ambiente, en las suertes del toreo y en la apreciación del toro de las “fiestas grandes”. Y es que Charlot’s y Llapisera sabían torear pero que muy bien, con técnica, temple y conocimientos del toro. Sobre todo Rafael Dutrús “Llapisera”, especie de dibujante del toreo aplicado a la caricatura. Fue por tanto Dutrús un torero con grandes conocimientos de la técnica y de sus líneas maestras, trazadas a ratos de manera formal (sobretodo a la hora de fijar y sujetar al bicho) y a ratos con delirante humor. Y es que los toros a los que se enfrentaban estos dos toreros cómicos tenían incluso más dificultades que los que salían en las plazas para los toreros serios. Eran toros desechados y considerados ilidiables. Toros mansos, huidizos, abantos, avisados, corretones y tan grandes casi como los de las corridas serias. Su lidia era muy complicada, pero esta pareja de toreros los manejaba muy bien: a fuerza de acosarlos, de porfiarlos, de taparles la salida y de apelar a todas sus técnicas o “forzaduras” que cualquier otro toro no permite, acababan embistiendo y colaborando tonta y ciegamente a toda clase de “charlotadas”. Pero es que Charlot’s y Llapisera sabían lidiar muy bien a los mansos.
Estos dos toreros pusieron en práctica la “apertura de las suertes”. Un toreo nuevo, improvisado y “encimista” con desplantes tremendistas hasta entonces desconocidos en las plazas españolas. Pero entendamos que estos dos toreros llegan a eso a causa de la mezquindad de los toros que tenían que lidiar, circunstancia que por cierto no evitó que ambos toreros no sufrieran a veces graves percances y cornadas con las que acabaron en el hule y en un hospital. Intercaladas en sus diabluras ante los toros, algunas suertes inventadas por Llapisera pasaron por inercia y mimetismo al toreo serio: las citas con el trasero, los pases en cadena, la “chicuelina” y la “manoletina”, dos suertes estas últimas que pertenecen por derecho propio al repertorio "llapiseresco”, ya que fueron creadas por él y no por Chicuelo ni Manolete. Incluso el “salto de la rana”, que universalizara muchos años después Manuel Benítez “El Cordobés” y su a veces caminar “acunclillado” y de rodillas hacía el hocico de los toros, ya fue practicado con éxito por Llapisera. Todos los toreros calificados como tremendistas y “encimistas” (desde Arruza, Litri, Chamaco, Pedrés, Chicuelo II, Raúl Rovira, Cañitas, Cesar y Curro Girón, Platanito, Miguel Mateo “Miguelín”, hasta el Cordobés, por citar algunos...), tuvieron una deuda con Llapisera.
Los toreros cómicos Charlot’s y Llapisera además, cuando actuaban en los ruedos, tenían la precaución de prescindir del estoque de acero en sus acrobacias y evoluciones para evitar cualquier accidente no deseado. Consumadas sus faenas, al tintineo de una campanilla agitada por ambos y que sacaban del bolsillo interior de sus chaquetas, el botones Colomer les llevaba presto el estoque de verdad y recogía el “junquillo charlotesco” del que se ayudaban para realizar su faena. Una ceremonia, sin observan, idéntica a la que se realiza desde hace años en los ruedos de todo el mundo por los matadores serios, a quienes sus peones de confianza cambian el estoque de pega por el verdadero, con un ademán o señal del maestro que suple al ruido de la campanilla de Llapisera.
Rafael Dutrús y Carmelo Tusquellas consiguieron llevar a la Fiesta nuevas suertes, riqueza a las arcas de los empresarios, espectáculo a los ruedos y sobretodo carcajadas a raudales. Fueron como un soplo de aire fresco y renovador para la Fiesta de los Toros, un mérito que aun no les ha sido debidamente reconocido por la crítica y la historia. Su irrupción en la Fiesta rebasó el ámbito de las antiguas mojigangas y no fue por tanto un acontecimiento marginal ni fútil, pues vemos como el toreo serio moderno tiene muchos ingredientes en su repertorio que impusieron estos dos toreros cómicos, que sin duda fueron los mejores de todos los tiempos. Tras ellos surgieron imitadores por toda España con mas o menos éxito, pero la originalidad, el talento creador y el ingenio fue patrimonio de Charlot`s, Llapisera y el botones Colomer. Creo que el resultado de esta exposición es revelador, ...Como dejó dicho Jesucristo: a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar.

martes, 22 de diciembre de 2009

MARIBEL ATIENZAR: UNA EXCEPCION QUE CONFIRMA LA REGLA EN MEDIO DE TODAS LAS MUJERES QUE QUERIAN SER TORERAS


Arriba Maribel Atiénzar dando un derechazo. Abajo dos visiones de Maribel en la actualidad.

Por El Zubi

Tras la batalla titánica ganada por la alicantina Ángela Hernández en los tribunales de justicia para que las mujeres pudiesen torear en España en igualdad de condiciones que los hombres, surge en nuestro país un ramillete de mujeres que quieren ser toreras a costa de lo que sea. Algunas de ellas dejan las tablas de los escenarios para pasar de “vedettes” y folklóricas a toreras. Es el caso de la catalana Alicia Tomás, que en la década de los setenta formó pareja como novillera y becerrista, con la guapa colombiana Rosarito de Colombia, que instalada en Sevilla desde hacía años llamaba la atención de los públicos por su cualidades taurinas y también por su exótica belleza. Llevadas hábilmente por Manolo Lozano ocuparon mucho sitio en las páginas de revistas “rosas” y periódicos, y armaron mas de un escándalo que hizo que corrieran ríos de tinta, como aquella becerrada que iban a matar en el “holl” del Hotel Meliá de Madrid el 28 de noviembre de 1974, becerrada que finalmente no se celebró, pero que levantó una gran polémica y expectación durante varios meses. Ninguna de las dos llegó a nada como toreras y contribuyeron, desde mi punto de vista, a que los públicos comenzasen a tomarse a “guasa” la presencia de las mujeres en los ruedos.
Pero a principios de los años ochenta surge en España una gran figura del toreo entre las mujeres. Una de esas claras excepciones que confirman la regla. Una torera que estuvo a la altura de Juanita Cruz y de Conchita Cintrón, en cuanto a meritos, talento, arte e inspiración para torear. Se trata de la albaceteña Maribel Atienzar, que será la primera mujer española de esta época que tome la alternativa como matadora de toros (la primera fue en los años treinta Juanita Cruz). Con 1,56 metros de altura y sólo 43 kilos de peso logró en pocos años meterse a los públicos de toda España y América en el bolsillo de su diminuto traje de luces. Y lo consiguió con su simpatía, su valor, su arte, su garbo y su toreo femenino bueno de verdad.
Comenzó brillantemente su carrera de la mano de Paco Rodríguez Dorado como mentor. Debutó en las Ventas el 2 de julio de 1977, con ganado de Pérez Tabernero alternando con Manuel Rodríguez y Pepe Pastrana. Se levantó una gran polémica por su presentación en la principal plaza del mundo. Aquel día de su debut toreó divinamente y el público estuvo encantado con ella, pero el presidente el negó injustamente las orejas. Se armó tal escandalera en los tendidos con el presidente, que el público obligó a la pequeña novillera a dar tres vueltas al ruedo nada menos. “Demostré – dijo a la prensa la torera — que era capaz de despachar novillos de 500 kilos”. Cuenta Maribel también en la prensa que un día paseando con su apoderado Paco Rodríguez por Puerto Banús en Marbella, vio en la terraza de un restaurante a Antonio Ordóñez: “Le insistí a mi apoderado en que me presentara al torero que mas admiraba. Al final Paco accedió a mi petición y me lo presentó. Cuando Paco le dijo que yo era torera y que lo quería conocer porque sentía por él una gran admiración, Ordóñez nos contestó de muy malas maneras, y con muy poca educación me dijo que las mujeres donde deben de estar es en su casa criando niños y fregando platos. Desde aquel día murió el mito de Ordóñez en mi interior. ¡Qué decepción!. Luego cuando debuté en Las Ventas, cuando di la tercera vuelta al ruedo reparé en que Antonio Ordóñez estaba en primera fila de una contrabarrera. Me paré y subiéndome al estribo de la barrera le dije:’maestro...para que vea usted como las mujeres además de criar hijos y fregar platos... servimos también para torear...’.”.
Maribel Atienzar sufrió varios percances en su carrera que la mandaron al hule algunos meses: roturas de clavículas, cornadas en la ingle y la cara, costillas rotas, puntazos en los muslos... todas estas lesiones fueron un reguero de sangre durante su carrera. Toreó 115 novilladas en 1979 entre España y América, y mantuvo un promedio de 80 o 90 corridas por año mas 15 o 20 en América. Hay que decir que su punto débil fue siempre la espada, a causa de la cual perdió numerosos trofeos.
Tras triunfar por todas las plazas de España y ya con mucho oficio, viaja a México en 1981 donde toma la alternativa el 28 de noviembre en Pachuca, con Ernesto San Román de padrino y la matadora mexicana Raquel Martínez de testigo. Cortó 3 orejas ese día y se convirtió en la cuarta mujer matadora de toros de la historia (antes la tomaron Juanita Cruz, la colombiana Berta Trujillo “Morenita de Quindío” y la mexicana Raquel Martínez). Confirma su alternativa en Bogotá el 26 de agosto de 1982 con Leonidas Manrique de padrino y Emerson Murillo de testigo. Vuelve a España ese año con la aureola de la fama y el fervor de los aficionados hispanoamericanos, pero en España sigue encontrando los mismos problemas con el machismo fuera de los ruedos y en los despachos que cuando se fue un par de años antes. Incluso le pusieron como condición para torear que renunciara a la alternativa y volviese a ser novillera. Le cerraron todas las puertas. Viendo que no la dejaban torear en ningún sitio se despide de los ruedos un 11 de julio de 1987 en un festival en San Feliú de Guixols. Mató 2.200 reses en toda su carrera. Se fue de los ruedos amargada del trato tan injusto que recibió, ya que, al igual que hiciera Juanita Cruz, prefirió retirarse antes de renunciar a su alternativa como matadora. Tras su retirada Maribel Atienzar se fue a Paris donde se instaló definitivamente. Allí estudió Bellas Artes, se hizo pintora y escultora. Mas tarde contrajo matrimonio con un parisino y allí vive aún. En el verano del 2008 volvió a Albacete a su tierra, a recibir el justísimo homenaje de una afición que tenia una deuda pendiente con ella.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Una mujer con corazón de león: ANGELA HERNANDEZ CONSIGUIO QUE LAS MUEJERES TOREASEN DE NUEVO EN ESPAÑA


Por El Zubi

El 10 de agosto de 1974 el Ministerio de la Gobernación, a la sazón dirigido por Carlos Arias Navarro, decretó la suspensión del artículo 49 párrafo C del Reglamento Taurino que prohibía torear a pie a las mujeres en España desde hacía 34 años. Y esta fue una batalla ganada sólo y exclusivamente por una torera brava, luchadora y con agallas llamada Ángela Hernández, una mujer con mucho mérito y carácter, que tal vez no pasará a la historia de la tauromaquia femenina por sus cualidades artísticas, pero si lo ha hecho en virtud a su gran afición, decisión, audacia y perseverancia, pues gracias a ella las mujeres pudieron conseguir de nuevo el derecho a torear a pie en España. No obstante, y en honor a la justicia hay que decir, que Ángela tuvo lo que muchos toreros de hoy en día no tienen: una enorme afición, una bravura y un valor de titanes y una gran técnica adquirida en el ejercicio de la profesión. Los elementos esenciales para ser un gran torero. Fueron unos tiempos muy difíciles para las mujeres que querían torear y sin embargo, la alicantina tuvo las agallas de no desfallecer y la fortaleza de los elegidos para luchar por lo que creían con la fuerza del corazón. Estamos habando de un caso excepcional: de una mujer con corazón de león. La batalla de Ángela en los despachos oficiales y en los tribunales de justicia fue tal vez más grande que la realizada en los ruedos, y todas las mujeres que desde entonces han toreado y torean en España tienen y tendrán una deuda impagable con ella, con esta valiente y rubia alicantina, torera donde las haya. Su cruzada en los tribunales la hizo de la mano del abogado José Briones (hermano de Carlos Briones director entonces de El Ruedo), que la inició el 29 de febrero de 1972 cuando presentó la petición de Ángela reclamando su derecho a torear a tres entidades: al presidente del Sindicato Nacional del Espectáculo, al Ministro de la Gobernación y un tercer escrito al Ministro de Trabajo. Fueron cerca de tres años de tiras y aflojas, de lanzarse uno a otro la pelota a su tejado, de mentiras, de capotazos, desplantes, de adhesiones, recogidas de firmas entre toreros, ganaderos y empresarios, contradicciones, de marear papeles... hasta que Carlos Arias Navarro la autorizó. Fue un sábado de mediados de agosto de 1974, cuando hacia las ocho de la tarde, la Agencia de noticias CIFRA transmitía por sus teletipos esta noticia: “LAS MUJERES PODRAN SER TOREROS”. Así fue como el 12 de agosto aparecía en la página 16.608 y 16.609 del número 192 del B.O.E. la orden 15.701, de 10 de agosto de 1974, por la que se suprimían las limitaciones impuestas a la mujer para participar en los espectáculos taurinos, suprimiendo el párrafo segundo del apartado C del artículo 49 del Reglamento de Espectáculos Taurinos. Ángela ya podía torear.
Maria de los Ángeles Hernández Gómez, nació en Alicante el 2 de agosto de 1946. Se crió en Algeciras donde su padre prestaba servicio como Guardia Civil. Quedó huérfana de padre y madre a los quince años. Menor de seis hermanos trabajó duro en el campo, recogiendo tomates y vendiendo patatas, así como “parisién” en las playas algecireñas y repartiendo periódicos a domicilio. Así lo recuerda ella: “me crié en un cuartel. Mi padre me llevaba a la plaza de toros con el piquete. Allí conocí a Paquito Esplá, que me dio las primeras lecciones de toreo. También me han ayudado Enrique Beltrán y Manzanares, padre de José Mari”. Con 16 años se va a Madrid, allí consigue trabajar como extra en algunas películas: “fue por entonces cuando doble a Marisol”. Años más tarde hizo de Claudia Cardinale en “Las Petroleras” doblando a la actriz italiana en las escenas mas arriesgadas y también en el rodaje de “Las Amazonas” película protagonizada por el hijo de Robert Mitchum. Se prepara en Sevilla como rejoneadora en el campo, en la finca de Muñoz Guerra, en Trebujena. Forma pareja como rejoneadora con Amalia Gabor y actúan con éxito en Sevilla, Marbella, Puerto de Santa María, Manzanares, Segovia, Andorra y algunas plazas de Francia. En 1965 ya es una reputada rejoneadora, pero tiene la espina clavada de no poder hacer lo que mas le gusta que es torear a pie. Por eso se va a Hispanoamérica donde el público se entusiasma con ella llamándola cariñosamente Angelita o Angelilla.
A su regreso de Sudamérica inicia su batalla en los tribunales para poder torear a pie. Pasa un calvario, perdiendo muchos contratos y estando casi tres años en el dique seco. El 3 de abril de 1973 varios diarios, como La Voz de Asturias publicaban la siguiente noticia: “El Cordobés, a través de Paco Ruiz apoderará a Ángela Hernández”. Y Manuel Benítez se convierte en su mejor mentor y protector ayudándola desde entonces siempre que pudo. Debutó en España como torera a pie el 15 de septiembre de 1974, en un festival en Jerez de los Caballeros, con Antonio Lebrija, Pepe Cámara, Antonio Medina y el malogrado José Cubero “Yiyo”, con novillos de Martín Berrocal y Prieto de la Cal. Cortó las orejas de su enemigo ese día. A partir de ahí cosecho innumerables éxitos tanto en España como en Francia y América. En Córdoba se presentó el 1 de junio de 1975 con novillos de Ana Romero, alternando en los carteles con Tomás Moreno “El Tempranillo”, de Belmez, y Antonio Beneto “El Mesías” de Córdoba. A ella se le anuncia como torera de Algeciras, cuando en realidad es nacida en Alicante. Su actuación no defraudó pues conquistó al público cordobés con su valor y su entrega.
Ángela Hernández tuvo varios percances graves en los ruedos a lo largo de su carrera, como el ocurrido en Elche y Jerez. También tuvo un grave accidente de coche. Pero el percance más grave fue el ocurrido en Huesca el 14 de agosto de 1975: una fisura en la quinta vértebra lumbar le causó una parálisis en las piernas. Operada con éxito tardó tres años en recuperarse tras pasar un año atada a una silla de ruedas. Toreó por última vez en España el 19 de junio de 1977 en San Sebastián de los Reyes (Madrid), muy mermada ya en sus facultades por las tremendas cogidas que sufrió a lo largo de su carrera. Toreó 300 corridas en su larga y accidentada carrera. Tuvo 17 percances y dejó una estela muy digna como torera brava y valiente, sobre todo por ser la primera mujer que toreó con picadores tras el permiso de 1974. Entró en sorteo con los hombres sin ninguna ventaja por ser mujer y toreó en las plazas más señeras de España. Ángela en la actualidad sigue ligada al mundo del toro, pues es la mayoral de la ganadería de reses bravas de doña Maria Palma en El Garrobo, cerca de Guillena (Sevilla). En el 2008 tuvo un grave percance cardiovascular del que logró salir con el mismo coraje que tuvo como torera. Ha recibido numerosos homenajes de reconocimiento en estos últimos años.

domingo, 20 de diciembre de 2009

“JEREZANO” MURIÓ EN VERACRUZ (MEXICO), DE PERITONITIS A CAUSA DEL TOPETAZO DE UN TORO


Por El Zubi

Manuel Lara Reyes “Jerezano” fue un matador de toros nacido en Jerez de la Frontera (Cádiz) en 1886, que murió con 26 años en Veracruz (México) el 8 de octubre de 1912, a consecuencia de un fuerte topetazo en el bajo vientre propinado por un toro, que sin causarle lesiones externas, le produjo una inminente peritonitis que lo dejó sin vida a las pocas horas del percance.
“Jerezano” era de origen humilde, con antecedentes taurinos en la familia, pues su padre fue banderillero. Trabajaba en el matadero de Jerez y allí se aficionó al toro. Logra torear por vez primera en su ciudad natal el 15 de agosto de 1890, anunciándose con el alias de “El Gato” junto a “Lobito” y “Potoco”. Como su apelativo taurino se prestaba a chanzas y burlas, se presenta en Madrid a torear con el nombre de “Chicorro” un año más tarde, dejando una grata impresión pues practicaba bien todas las suertes. Tras sufrir tremendas cornadas en años sucesivos en Madrid y en La Unión (Murcia), estuvo varias temporadas recuperándose y el público llegó a olvidarlo por completo. Tomó la alternativa en Barcelona el 29 de octubre de 1899, anunciándose ya como “Jerezano”, y lo hace de manos de su tío José Lara “Chicorro”. La confirma en Madrid un año después el 18 de marzo de manos de “Quinito”.
Cansado de que no le contrataran en España, Manuel Lara se marcha a América en 1901, donde realiza durante una década magníficas campañas, ya que obtuvo allí los éxitos que se le negaron en España. Tanto que “Jerezano” fue adoptado casi como un torero mexicano más que español.
El 1912, tras su paso por México, fue contratado para actuar en Veracruz el 6 de octubre, para alternar en un mano a mano con Eduardo Leal “Llaverito”. Al dar los primeros lances de capa a su primer toro para pararlo, el animal lo atropelló de mala manera y le arreó un fuerte topetazo en el bajo vientre, lanzándolo con fuerza contra el suelo. El torero logró levantarse, y aparentemente no tenía ninguna lesión externa, aunque se quejaba de fuertes dolores. Trasladado al hotel murió dos días después, ya en la madrugada del día 8. En México, donde se le quería y admiraba muchísimo, la noticia de su muerte produjo una gran conmoción. A bordo del buque “Buenos Aires” se trasladó a Cádiz su cadáver embalsamado, por orden del marqués de Domecq, amigo y padrino del desafortunado torero, y desde Cádiz fue conducido a Jerez, donde fue sepultado en medio de una gran manifestación de duelo. “Jerezano” fue, según la crítica contemporánea a él, un torero de muchos méritos: inteligente, seguro y completo. Destacó sobretodo como un extraordinario estoqueador.

viernes, 18 de diciembre de 2009

DE LOS ANTITAURINOS...

Los antitaurinos se pueden dividir en, al menos, dos bandos. Por un lado están aquellos que no van a las plazas pero que cuando les preguntas si les gustan los toros responden amablemente que "no, pobres animalitos" y están los otros que se montan en un burraco blanco dizque quijotesco. Estos últimos los podemos encontrar de muchos sabores: un tanto es de los que usan insignias que aluden a su no-participación en la Fiesta (playeras, pinnes, mochilas y toda clase de imágenes que desaprueban a la tauromquia), otro tanto se apunta en greenpace, unos más te "regañan" por ser un "bárbaro-asesino" y tratan -con vacuos argumentos- de hacerte dejar la Fiesta, y los peligrosos son los radicales que al no tener nada mejor que hacer (como convivir con su familia, cuidar a su abuelo, ver por sus hermanos o amigos, o cambiarle el agua a la pecera en su cuarto) pues se deja ver de cuando en cuando en una manifestación antitaurina, o llega a la plaza a arrojar sobre los autos de los aficionados pintura roja (en general de esos maleantes que dizque tienen vida pero no) y por último los ARRIBISTAS que ni saben qué demonios es la Fiesta, nunca han visto un toro o un traje de luces, no saben, vaya, ni cómo, ni cuándo, ni de dónde vienen los toros, es decir no saben de su crianza, no entienden porque no preguntan qué es este ritual de sangre, el por qué a cautivado a tantos, por qué acuden a él no sólo las masas -que ellos si tachan de- "ignorantes" sino también los grandes pensadores, no saben y jamás reconocerán que la plaza en plena corrida es el lugar más democrático, ahí no pasa nada sin el consenso de todos, o por qué un hombre sin ser suicida se arroja al ruedo a desafiar a la muerte, no entienden cómo un capote detiene el tiempo tan sólo con balancearse, no saben por qué ahí el "ooole" es un clamor que no busca la sangre. No saben, no saben.


De esos antitaurinos, de los arribistas que sin consciencia del mundo taurino lanzan improperios, amenazas, falsos escupitajos, marejadas de información malinterpretada, imcompleta, hay que cuidarse. Porque sus intenciones son otras, buscan sacar ventaja con este alboroto usando a la tauromaquia como chivo expiatorio para fines baratos como lo es la política, para cosas que sólo les traerán unos pocos dineros a sus cuentas. Porque si tratarán de salvar una especie estarían a bordo de un barco greenpace, hubieran estudiado biología o veterinaria, o estarían buscando fondos para salvar una hectárea de tierra para "las últimas arañas" que han seguido desde su adolescencia. Yo creo que esos hombres que se asumen como verdaderos ecologistas o consevacionistas, no pretenden los micrófonos, ni los puestos gubernamentales para fines personales, ni son iletrados, al contrario son gente que se prepara, investiga y se mueve por la vía decente y legal.


Lo que sucede en Cataluña es una pena, los argumentos son pobres contra de la tauromaquia, y sus voceros unos arribistas que no saben y no les importa saber de la Fiesta.


Cuidado con esos porque son los que sin la menor pizca de lo humano pretenden joder a los que sí gustamos de la Fiesta, y podrían afectar severamente la vida de algún taurino. Hoy más que nunca debemos estar unidos como la Familia Taurina que somos. Denunciemos a aquellos que se atreven a cruzar la línea de la privacidad y el respeto al otro, denunciemos a los que hacen pintas en las plazas y dañan el patrimonio taurino que tambièn es patrimonio de la humanidad. Denunciemos a esos patanes que nos insultan. Porque nosotros no obligamos a nadie a ir a una corrida de toros, no se obliga a nadie a ser torero, nosotros no obligamos, ni siquiera buscamos adeptos.


En lugar de estar agrediendo a los taurinos, por qué no se dedican a salvar a los niños que viven en situación de calle, o adoptan a un drogadicto o bueno tan sólo a un perrito callejero...


Que hagan algo "verdadero" que no rompa con la seguridad, privacidad y libertad a la que TODOS tenemos derecho. Mientras, sigamos unidos, llenemos las plazas, contemos historias de toros y toreros heróicos a nuestros hijos, sobrinos y nietos, cantemos pasodobles, busquemos las noticias taurinas, opinemos, y lo más importante sigamos creyendo en el TORO BRAVO.


Gabriela Guevara-Pasifae-














UN ANONIMO DESCEREBRADO ANTITAURINO ME MANDA MENSAJES AMENAZANTES A MI MOVIL

Sevilla. Viernes 18 de diciembre de 2010. Cuando eran aproximadamente las 14 horas en España, un mensaje en mi móvil me sacó de los trabajos periodísticos que para mi blog taurino vengo realizando. Cuando lo abro y lo leo pienso que alguien me esta gastando una broma, pues el número del remitente queda registrado
6 1 8 2 1 7 8 0 4
El mensaje decía textualmente : “Uf q m corro de gusto xq hayan prohibió ya hoy los toros en Cataluña. Ya os kea menos”.
Yo pensé que algún amigo me estaba gastando una broma, hasta que a los pocos minutos suena de nuevo la alarma del móvil indicándome que acababa de entrar otro mensaje, y este tenia ya otro tono:
“M corro, basuras. Como vais a salir ahora del acoso. Y donde vais a buscar dinero para seguir torturando, atrasados cerdos. La vergüenza d España”
Ante el tono de este mensaje intento llamar al número desde donde me han llegado los mensajes, pero nadie me descuelga el teléfono, sino que me mandan otro mensaje con el siguiente texto:
“Comeme la polla loco cabron. T voy a buscar cerdo, q te tengo ganas”
Y ya comienzan a llegar una ráfaga de mensajes que a continuación les muestro para que ustedes mismo juzguen:
“Si te cojo me durarías un asalto puto anciano. T voy a tratar como tus amigos maricones a los toros. Hijosdeputa”
“Pesado. Olvidame ya por la cuenta que te trae. Q yo me olvidare definitivamente de ti. Te interesa el acuerdo”
“Aaaaajajajaja, Si va a ser cierto q andas fatal de la olla”
“Me haces reir barrigon”
“A que m presento en tu casa capullo”
Las amenazas, los insultos y las descalificaciones de este descerebrado “nazi” o tal vez….”nazionalista” no me impedirán seguir defendiendo a la Fiesta de los Toros. Los cobardes se amparan en el anonimato para hacer daño a los demas, aunque estos sean unos desconocidos que jamas le hayan infligido mal alguno a su persona.Soy de la opinión de que debemos de vivir en una sociedad libre donde podamos elegir aquello que nos guste, ir al cine si nos apetece, al futbol, o a un concierto de rock….pero que se prohíba la Fiesta de los Toros en una determinada región de España, además de un disparate, me parece un acto de tiranía propio de una dictadura hitleriana, que es en lo que se han convertido los nacionalistas catalanes y todos los antitaurinos de Europa, que quieren despojarnos de nuestro mas íntimos sentimientos culturales.
Por tanto, y ante esta situación de indefensión en la que me encuentro ante un anónimo descerebrado, os pido a todos cuantos me seguís a través de mi blog o en el grupo de Facebook “Amigos de la Fiesta de los Toros” que me no me dejéis solo y que me echéis una mano y le mandéis a este estúpido un mensaje con todo lo que pensáis sobre su actitud al
618 21 78 04 y le digáis que nos dejen vivir en paz y con la posibilidad de poder seguir yendo a las Plazas de Toros de España a defender el espectáculo mas bello, mágico y misterioso que existe.
Firmado: Rafael GONZALEZ ZUBIETA
“El Zubi”

jueves, 17 de diciembre de 2009

LAS HERMANAS PALMEÑO, SURGIERON AUSPICIADAS POR LA ESTELA CREADA POR JUANITA CRUZ


Enriqueta y Amalia actuaron casi siempre juntas y ahí residió en parte su éxito

Por El Zubi
Al amparo de la conmoción que la torera madrileño Juanita Cruz llevó a la España taurina de los años treinta, surgieron otras “señoritas toreras” de menor entidad, que si bien destacaron por su valor y talento, nunca llegaron a hacer sombra a la inmensa torería de la madrileña. Este es el caso de las Hermanas Palmeño, Enriqueta y Amalia Almenara (que así se llamaban), que cosecharon en su breve carrera taurina notables éxitos por toda España. Al parecer eran de Castellón, hijas ambas del novillero Pedro Almenara Díaz, y de ahí les vino a ellas la afición al toreo.
Enriqueta Palmeño llegó a debutar en las Ventas en novillada con picadores el día 5 de abril de 1936, tres días después que lo hiciera Juanita Cruz, y en sustitución precisamente de Juanita, ya que la madrileña unos días antes resultó lesionada de una muñeca, aunque remató con éxito su actuación. Con Enriqueta alternaron aquel día Paco Hidalgo y Daniel Luca de Tena. Enriqueta actúo en solitario tres años sin rozar desde luego las alturas que escaló Juanita con su talento, aunque el éxito de las hermanas Palmeño fue más rápido, menos trabajado que el de Cruz. Sin duda se debió a que Enriqueta y Amalia actuaban juntas y con su reclamo, solían llenar las plazas. Hacia 1934 las dos hermanas actuaron mucho en espectáculos mixtos, parte cómica y seria, corriendo ellas con la segunda parte, la seria. Les gustaba interpretar variados adornos al alimón, suerte que tenían muy bien ensayada. La crítica contemporánea a ellas decía que Enriqueta, la hermana mayor, tenía mas empaque en su toreo y solía recibir a los toros sentada en el estribo. Su característica era el valor y el manejo con soltura del capote y la muleta. Sin embargo, la hermana pequeña Amalia era mucho más fina toreando, y lo hacia con mucha quietud. Llegó a banderillear con mucho garbo. Dicen las crónicas de la época que muleteaba primorosamente y que imprimía a su toreo una gran emoción. Sus mayores éxitos los lograron sin duda en Vista Alegre. En 1934 torearon 38 espectáculos y en 1935 completaron 46 contratos. La temporada de 1936 podría haber sido la más importante de sus carreras a tenor del número de contratos que atesoraban, pero el estallido de la Guerra Civil truncó también sus carreras como a otras muchas toreras.
El 30 de mayo de 1935 tuvieron una actuación memorable en La Monumental, de la que se hizo eco el Heraldo de Madrid: “La reaparición de las hermanas Palmeño en el coso Monumental fue bastante acontecimiento para llevar a miles de ciudadanos, a pesar de lo desagradable de la temperatura de la noche del sábado. Y es que estas señoritas toreras han demostrado una y otra vez en el coso madrileño un valor que para sí quisieran más de cuatro varones, y un arte poco común. Ganadoras un día de la “oreja de oro” en buena lid con otras artistas en tauromaquia, las hermanas Palmeño son una garantía para quienes gusten de ver torear clásicamente”.
Sólo en Albacete habían actuado en cinco ocasiones durante 1936, año en que incorporaron como fijos en su cuadrilla a los banderilleros Miguelín y El Sordo. Ya en 1935 habían actuado en Albacete tres veces en una misma semana, y el domingo 14 de abril en esa misma plaza, matando erales de doña Dolores Azpiro, cuenta las crónicas de la época que Amalia dio a su primer novillo la “mejor estocada de su vida torera, que le valió dos orejas”, y que a su hermana Enriqueta, en la misma corrida, por una faena superior a su primero, al que recibió de rodillas en tierra, se le concedieron orejas y rabo. “No creemos—comentaba el cronista manchego—que en España pueda haber otra señorita torera más torera que Enriqueta Palmeño”. Claro que no todo fueron críticas favorables, pues en su actuación de la XIX corrida de Abono de la Plaza de Madrid de 1935, el famoso crítico taurino Carito, siempre contrario a la presencia de las mujeres en los ruedos, en la revista Torerías (num.799, de 4 de agosto de 1935, pag.5) en su crónica “Una mojiganga más”, las pone a bajar de un burro y termina su crónica muy enfadado diciendo: “Pero, señores, ¿hasta cuando hemos de aguantar estas parodias taurinas?”. Sin embargo el antifeminista crítico Carito, no tuvo reparos unos meses más tarde para apoderar a una señorita torera que se hizo famosa, mas por sus encantos femeninos y habilidades en las tablas de los escenarios como vedette, que por su talento como torera: su nombre Mari-Greta. (¿...).
El 1 de junio de 1936, Enriqueta Palmeño actúa en solitario en Cáceres dentro de la parte seria del Espectáculo “Universal”, con la banda infantil cordobesa “Los Califas” donde empezó toreando Manolete. El día 7 del mismo mes estaban anunciadas las dos hermanas en Málaga, con los hermanos Manolo y Paco Ortiz, y el 27 de julio las esperaban en la cuarta novillada de la feria de Tudela. La última actuación de la que se tiene noticia de las hermanas Palmeño fue en Bilbao, el 21 de julio de 1936. Se lidiaron novillos de Celso Pillón y Ramón Lacruz y compartieron cartel con el novillero baracaldés Isaías Tarradillos.
Después de todo esto vino la guerra y todo se fue al traste. Se deshizo el dúo y por circunstancias de la contienda, las hermanas se separan: Enriqueta se marchó a América y Amalia, años después contrajo matrimonio y se estableció en Barcelona. Nunca más se supo de ellas. Hay que decir, pues es de justicia, que las hermanas Palmeño mientras que estuvieron en activo, dieron mucha guerra en los ruedos y tuvieron muchísimos seguidores entre la afición española, sin embargo sin querer restarle sus merecidos méritos, hay que decir que tuvieron la suerte de seguir la estela abierta por una genial torera surgida en Madrid, y que se llamaba Juanita Cruz.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

LA RUMOROLOGIA Y LAS MALEDICENCIAS DE LOS PUBLICOS LLENARON DE AMARGURA A MANOLETE HASTA LA MUERTE


Por El Zubi

Manuel Rodríguez “Manolete” ha sido tal vez el mejor torero y el más completo que ha dado la historia de la Fiesta de los Toros. Sin lugar a dudas fue el torero que levantó mayores pasiones en la década de los cuarenta, inmediatamente después de nuestra Guerra Civil. Un torero que supo levantar el ánimo castigado de los españoles después de los horrores de una triste guerra fratricida. Un personaje popular idolatrado con razón, que sufrió también las espinas punzantes de la rumorología más baja y las maledicencias de la envidia: el deporte favorito de todos los españoles. A Manolete, por ser un personaje tan popular y sobresaliente, se le inventaron y adjudicaron multitud de actos, ideas y hechos que nunca ocurrieron en la realidad y que le amargaron en parte sus últimos años de vida. Ya es hora de zanjar algunas heridas y aclarar algunas cosas para la historia de manera contundente y definitiva.
A Manolete se le adjudicó un acto patriótico en México que jamás ocurrió. Dicen que minutos antes de hacer el paseíllo, se negó a torear en la plaza de México hasta que las banderas de España no ondearan en los tejados de la plaza. Todo fue una mentira inventada por la fantasía el populacho o tal vez por José María Pemán que todo hay que decirlo. También se le calificó como “el torero del régimen franquista”. Otra patraña que ha empañado la verdad sobre la verdadera personalidad del diestro cordobés.
Manuel Rodríguez “Manolete” hizo sus primeras actuaciones como novillero unos meses antes de que estallara la Guerra Civil. Actuó como becerrista por primera vez en un ruedo de sobresaliente de Juanita Cruz en Cabra el domingo después de Carnaval de 1933 con Ramón Lacruz, y repitió una semana más tarde de nuevo con la torera madrileña y con Palitos. Por cierto que en ambas actuaciones los dos toreros varones tuvieron una actuación desastrosa. Debutó en Madrid en 1935 en la Plaza de Tetuán de las Victorias, donde fue anunciado en los carteles con el nombre de Angel Rodríguez; fíjense el escasísimo conocimiento que de él se tenía. Cuando estalló la Guerra Civil el 18 de julio de 1936, Manuel Rodríguez alternó las funciones de soldado de Artillería con las actuaciones en festivales benéficos taurinos a favor del Ejército y hospitales de la zona sublevada, pues en ella vivía. Su pertenencia al Ejército de Franco le proporcionó entre el populacho malintencionadas y tergiversadas biografías que forman parte más de la fantasía de mentes retorcidas, que de una realidad histórica auténtica y contrastada. Incluso se le adjudicó su participación en muestras violentas y sangrientas con prisioneros rojos, (dicen que se entrenaba a entrar a matar con los prisioneros rojos de la guerra civil) sin ningún fundamento histórico ni científico. Todo son auténticas mentiras y calumnias inventadas por la gente.
Hechos ciertos son que Manuel Rodríguez se tuvo que incorporar a filas al estallar la guerra. En su reemplazo normal quedó exento de servicio militar porque era estrecho de tórax. Semanas más tarde y cuando la contienda se encona sobremanera, lo movilizan de nuevo, pues ya todos los hombres son necesarios en el frente. A Manolete lo asignan en el Regimiento de Artillería número 1, asentado en Córdoba. Está a las órdenes del coronel Manuel Aguilar Galindo y directamente a las del capitán José Gutiérrez Ozores, un gran aficionado a la Fiesta que siente además una especial predilección por el torero cordobés. Cuando el servicio militar daba una tregua, la vida en el Regimiento se tornaba hacia el arte de torear. Allí quien más baza metía era un personaje entrañable, un tal Curro Molina, mozo de espadas que trabajaba como albañil durante el invierno, que era sin duda el principal incondicional del novillero-soldado.
Los ataques del Ejército Republicano obligaron al Regimiento de Artillería de Córdoba a entrar en combate y estar en varios frentes. En Peñarroya, el artillero de segunda, batidor de la Primera Batería, Manuel Rodríguez, se distinguió por su eficacia y valor. En Villafranca y Extremadura, “Manolete” cumplió como el mejor del Regimiento. Poca gente sabe, que los aviones rusos estuvieron a un paso de privar a España y al mundo del mejor torero de todos los tiempos. El hecho ocurrió cuando el Regimiento de “Manolete” avanzaba en fila de dos columnas hacia Cabezas del Buey (Extremadura), cuando una escuadrilla de bombarderos rusos los avistó a lo lejos como a una fila de hormigas que avanza lentamente hacia su hormiguero. Los aviones giraron en breves segundos y cayeron como moscas en picado sobre ellos, disparando con furia todas las ametralladoras de sus morros. “¡Desplegarse!. ¡Cuerpo a tierra!, gritó el capitán Gutiérrez Ozores. Las acémilas fueron dispersadas en cuestión de segundos y los soldados buscaron refugio lanzándose a las cunetas de la carretera a la carrera. La confusión, el caos y el miedo se apoderaron del Regimiento. En cuestión de pocos segundos caen las bombas a diestro y siniestro, que estallan muy cerca de la columna de soldados causándole grandes daños. “Manolete” tuvo la fortuna de lanzarse al lado contrario donde uno de sus compañeros salta despedazado por los aires. La muerte estuvo aquel día más cerca que nunca de “Manolete” hasta la tarde de Linares, en que lo recogió para hacer el viaje eterno. Aún no había llegado su hora.
En marzo de 1937 el capitán Gutiérrez Ozores es el que más interés pone en que se celebre un Festival Benéfico en Córdoba. En realidad lo que quería era ver torear a su subordinado y analizar sus posibilidades como torero. Tan pronto como fue lanzada la idea del Festival, se ofrecieron a participar en él de manera incondicional muchos toreros que había en la zona: Juan Belmonte, como rejoneador, José Flores “Camará”, que insistía en seguir toreando ante la buena acogida que tuvo semanas antes en Ecija. Sánchez Mejías, “Gallito” y los cordobeses Zurito, Manolete y Pepe Luque completan el cartel del Festival Patriótico de Artillería a beneficio de “Auxilio de Invierno”, que a raíz de aquel 28 de marzo quedó instituido durante muchos años en el coso de los Tejares. Al parecer, la faena que Manuel Rodríguez “Manolete” le hizo al novillo “Camarón” de la ganadería de José de Goya fue tan memorable y extraordinaria, que los cordobeses que asistieron a este Festival instalaron la primera Peña Taurina Manolete en “Casa de Almoguera”. El capitán Gutiérrez Ozores no cabía de gozo en su uniforme y presumía de soldado ante medio Ejército nacional. Ahí comenzó la leyenda de Manolete: en el Ejército.
Pero la participación de Manuel Rodríguez en la contienda civil en el Ejército nacional, no fue algo elegido por él sino circunstancial fruto del azar. El vivía en Córdoba, y no significa eso ser nacional o republicano. Manolete lo que de verdad era entonces y siempre fue torero por encima de todo. Por eso fue absolutamente injusto que obviando su genialidad se le calificara como el “torero del régimen”, y más tras el homenaje que la intelectualidad de la época le tributó en Madrid en el transcurso de una cena en el restaurante Lhardy. Hay en la vida de Manolete dos hechos ciertos relacionados uno con el primer ministro británico Winston Churchill y otro con Indalecio Prieto, que podrían servir para desmentir esa supuesta querencia que se le adjudicó al torero de Córdoba con los jerarcas del régimen franquista. El año de 1945, el de su debut en México, está mas que comprobado que mantuvo contactos en la ciudad azteca con gentes españolas en el exilio. Yo creo que Manolete era torero fundamentalmente, y un hombre liberal. Allí en la capital azteca se sabe que almorzó junto con su apoderado José Flores Camará con Indalecio Prieto, que como sabrán fue cronista taurino en Bilbao, ministro socialista y director de un periódico. También conoció allí al general Miaja y a otros hombres de aquella España perdedora y desterrada.
Pero tal vez uno de los hechos menos conocidos de su vida fue el de su relación con el primer ministro británico Winston Churchill. Torea Manolete en Valencia en 1945 durante la Feria de Julio. Allí mató un toro de la ganadería de Escobar, un toro lucero que tenía dibujada en la testuz una “V” que era el signo de la victoria que había hecho famoso el “premier” británico. Manolete mandó disecar la cabeza del astado y se la envió al político inglés en señal de homenaje y adhesión a su lucha, lo cual no coincidía precisamente con la política exterior española que en esos días estaba decididamente a favor de Hitler.
El regalo fue tan bien acogido por Churchill que le respondió a Manolete con una cariñosa carta de agradecimiento, carta que se encuentra expuesta en el salón taurino-museo del cortijo de Las Bernabelas en la Sierra Norte de Sevilla, muy cerca de Constantina, propiedad de la familia Flores Camará. Dos años más tarde mandaría también un telegrama de pésame a la madre del torero doña Angustias Sánchez, mostrándole su pesar por la tragedia de Linares.
La vida taurina de Manolete no fue un camino de rosas precisamente. Con Carlos Arruza mantuvo un duelo de rivalidad paralelo a una amistad casi fraternal y familiar. Supieron ambos mantener la amistad a la vez que la rivalidad y dignidad profesional en los ruedos. Luego no es cierto que el mexicano Carlos Arruza fuera su enemigo tal y como se ha rumoreado tantas veces. Después le llegó el turno a Luis Miguel Dominguín, que le quiso desplazar del pedestal... pero esa es otra historia. Manolete sufrió la incomprensión de los públicos en sus últimos años de vida. Sufrió las luchas taurinas y las rivalidades, las acusaciones de perfilero y consentidor del afeitado (otra gran mentira). El público comenzó a mostrarle las entradas cada vez que no cortaba orejas. En Córdoba insultaban incluso desde los tendidos de la plaza de toros a miembros de su propia familia, haciendo con ello un gran daño moral al torero. Todo esto junto a su apasionando romance con la bella actriz Lupe Sino, acumuló tales circunstancias que hicieron que Manolete, como otros toreros de la historia, acabase su carrera en un hospital amortajado.
Manolete y Camará formaron un tándem perfecto. Era la moneda compacta con las dos caras. Camará puso un hito en la historia del apoderamiento que difícilmente podrá superarse. Esta perfección en el toreo y en el apoderamiento dio paso a las consabidas envidias de la gente que desembocaron en maledicencias y calumnias. De Manolete por ejemplo se dijo que lo mató el toro Islero cuyos pitones habían sido manipulados. Incluso se dijo que a Islero le habían echado encima antes de salir al ruedo, varios sacos terreros para mermarlo en su vigor. Todo fueron mentiras y maledicencias, como desmintió durante años con dolor José Flores Camará. Lo cierto es que el torero cordobés fue idolatrado por los mismos públicos que le amargaban la vida, porque se le percibía como un símbolo de la España caída que trataba de zafarse de la enfermedad.
Y esa es otra. Su aspecto. Manolete era un hombre de aspecto frágil y enfermizo. La rumorología popular, tan puñetera siempre, dijo que el torero padecía tuberculosis y que necesitaba constantes inyecciones de penicilina y transfusiones de sangre para poder vivir, transfusiones que él pagaba además generosamente. En aquellos días se sabe que el torero recibió muchas cartas de gente que quería donarle sangre de manera altruista. Hubo una carta de una señora oscense que le ofrecía dos litros de sangre a cambio de dos millones de pesetas de aquella época (Manolete cobraba entonces una media de 240.000 pesetas por corrida). El torero le dijo a su apoderado: “...contéstale a esa mujer y dile que por dos millones de pesetas le doy toda la mía y la de mi familia”. Sin embargo la oferta más generosa vino de una señorita anónima que le ofrecía toda su sangre a cambio de su amor... Lo cierto es que la presunta anemia y tuberculosis del matador cordobés, fue casi una enfermedad nacional, porque el cariño de los españoles por él era general. Hay que tener en cuenta que en aquellos años en España había unas 300.000 personas enfermas de tuberculosis y que sólo había 7.000 camas en los pocos hospitales que había en todo el país. Así que la “penicilina” y la “tuberculosis” también forman parte de la “leyenda negra manoletista”.
Como quedó apuntado anteriormente, al diestro cordobés los públicos cada día le exigían más y más. Sus últimas campañas las vivió presionado con más amargura que felicidad. Murió en el año que había anunciado su retirada. Manuel alcanzó la cima de su fama y el reconocimiento social, poco habitual en los toreros, en la famosa cena del restaurante Lhardy en Madrid, donde se dio cita lo más granado de la intelectualidad de la época. El homenaje fue organizado por José María Alfaro que presidía la Asociación de la Prensa de Madrid, y el diplomático, escritor y personaje muy popular Agustín de Foxá le dedicó allí unos bellos versos muy significativos, cuyo último párrafo quiero hoy reproducir aquí para terminar esta historia:
...
y saludo en ti a Córdoba; olivares y ermitas,
Surtidor de azulejos, hoy cubiertos de tierra,
Quien te dio esa desgana de Califa sin trono,
De Almanzor que no vuelve, que es orgullo y tristeza.

SOBRE LA MUERTE DE UN TORERO: JOSE TOMAS REINA RINCÓN


Si la muerte de un torero en los ruedos, corneado por un toro, ya es de por sí dolorosa, dramática y sentida para cualquier aficionado que ama la Fiesta, cuando esta se produce fuera de ellos, en un país lejano y a manos de unos delincuentes desalmados, nos llena a todos de consternación, indignación y mala leche. Porque un torero, puesto a perder la vida, o se muere en la plaza, en el “hule” o de viejo ya retirado, pero a manos de unos “chorizos” por robarle unos dólares es casi como un sacrilegio.
Este es el caso de ese desdichado muchacho de Ciudad Real, ese torero de 22 años llamado José Tomás Reina Rincón, que se fue al Perú a abrirse un camino, ganarse unos dinerillos y labrarse un nombre en América, y lo único que encontró fue la muerte a manos de la propia Policía. Ocurrió la noche del martes 2 de julio del 2002. El pobre muchacho murió como un perro, apaleado hasta la muerte en pleno parque Central Kennedy de Miraflores, y arrojado su cuerpo al mar. Seis días después de su desaparición se encontró su cadáver en la playa de Waikiki, descompuesto y desfigurado, y sin los 1.400 dólares que se había ganado días antes toreando en la Feria de Chota, donde había logrado cortar dos orejas. Una actuación tan buena que le había valido un nuevo contrato en Trujillo que ya no pudo cumplir porque lo habían matado unos “chorizos” peruanos.
La muerte de este torero en esta “plaza de la vida” me afectó bastante, tanto... que he reflexionado mucho sobre la situación que atraviesan muchos toreros jóvenes que acuden a Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, México... o a Pernambuco, en busca de ese hueco en la profesión que le niegan unos cuantos en su propio país. Me vienen a la cabeza nombres como el de Mari Paz Vega, que es un ídolo de la afición hispanoamericana mientras que en su país no ha podido torear aún por ser mujer. O el caso de nuestro Juan de Dios de la Rosa que se fue andando desde Córdoba a Madrid para pedir una oportunidad porque no tiene ni quien lo apodere. A mí me consta que ese torero, Reina Rincón, tenía madera para haber triunfado, si hubiera tenido un poco mas de ayuda de instituciones, empresarios y sectores taurinos de su propia comunidad manchega.

Estos jóvenes toreros están tirados. Ya no les dejan ni siquiera las migajas de las ferias de los pueblos, pues esas también son para los “figurones” de las otras grandes ferias. Mucha culpa de lo que esta ocurriendo con estos toreros de los últimos puestos del escalafón, la tenemos los propios aficionados, que solo queremos ver a El Juli, a Morante, a Tomás, Ponce y demás figuras que colman los primeros puestos del escalafón taurino, cuando esos toreros modestos cumplen casi siempre delante del toro incluso mejor que los primeros figuras de cartel. Por eso pienso que deben de ser las instituciones (Ayuntamientos, Peñas y Clubes Taurinos) los que deben de cuidar a los jóvenes valores locales, para que a la hora de organizar impongan siempre a sus toreros frente a los “figurones” de fuera. Se trata de una apuesta por el futuro.
La muerte de Reina Rincón debería de servir al menos, para sacudir las conciencias de esos empresarios desaprensivos y usureros, que cobran por torear a los chavales que no tienen nombre encima de que se juegan la vida. Empresarios que sólo piensan en el dinero y en la taquilla y que no apuestan por un futuro digno para la Fiesta. En realidad a muchos de ellos las Fiesta en sí les importa un pito. ¡Ay!... que mal repartido esta el mundo. Unos con tanto y otros con tan poco... y para colmo de males, a Reina Rincón le roban lo poco que había ganado y lo más valioso para cualquiera: le robaron su propia vida.

lunes, 14 de diciembre de 2009

“EL GADITANO BERNANDO GAVIÑO, MURIO DE UNA CORNADA EN TEXCOCO (MEXICO) CON SETENTA Y TRES AÑOS”


Imagen del torero Bernardo Gaviño. A la derecha el traje que llevaba el dia de la cogida, expuesto tras su muerte. Abajo grabado de la ganaderia y de la cabeza del toro que le quitó la vida.

Por El Zubi

Bernardo Gaviño Rueda fue un matador de toros nacido en Puerto Real (Cádiz) el 20 de agosto de 1812 y murió en México con setenta y tres años el 11 de febrero de 1886 a consecuencia de una cornada recibida diez días antes en la Plaza de Toros de Texcoco. Sus primeras lecciones de torería las recibió de un torero llamado Juan León “Leoncillo”, pariente lejano de él, en el Matadero de Sevilla. Estuvo más tarde a las órdenes del maestro Bartolomé Ximenez y del novillero Francisco Benítez Sayol.
Por razones poco claras se marchó a América en el año 1835 para no volver jamás a España. Allí anduvo toreando por distintos lugares hasta que fijó su residencia en México capital, donde contrajo matrimonio y vivió toda su vida.
El 31 de enero de 1886, con setenta y tres años de edad, fue contratado para torear una corrida en Texcoco, un mano a mano junto al matador José de la Luz Gavidia, con reses de la ganadería de Ayala. El anciano maestro de Puerto Real vestía para la ocasión un terno negro con adornos de seda negra. La mortal herida le sobrevino al lidiar al tercer toro, negro zaino "meleno", bien encornado y ligero de peso. De salida mostró buenas maneras, pues era un toro bravo y nervioso, con acometividad, que tomo ocho puyazos y mató dos caballos y metió el miedo en el cuerpo a la cuadrilla de Gaviño.
El viejo maestro gaditano estaba contento con el burel que le tocó en suerte, ya que además de bravo vio que el animal tenia recorrido. Le hizo una buena lidia y una buena faena que entusiasmó a los parroquianos. Llegada la hora de la verdad, el anciano torero armó su muleta y se fue completamente solo con serenidad a la cara del toro. Gaviño trató de cuadrarlo trasteándolo con la muleta y al rematar un pase, el bicho se revolvió con rapidez sorprendiendo al torero que por su edad andaba ya muy escaso de facultades y reflejos. El torero fue enganchado por la espalda, suspendido y engatillado durante varios segundos en el aire, resultando corneado cerca del ano en el lado derecho, zona que técnicamente se denomina por los médicos “región anatómica del hueco isquio rectal”. A pesar de tan dolorosa herida, que al momento le produjo una abundante hemorragia, el viejo y valiente torero se puso de pie y se percató de la gravedad de la cogida, ya que se llevó la mano a la zona y se la vio ensangrentada. No se acobardó y por su propio pie y con gallardía se retiró a la enfermería, donde hora y media después del percance le practicaron la primera cura, echado en un jergón de heno por camilla. A las pocas horas su estado se agravó a causa de la inevitable infección. Después de dos días en este estado el viejo torero de Puerto Real deliraba a causa de las altas fiebres, hablando de asuntos de tauromaquia y de percances ocurridos a lo largo de su carrera. Tres días después de ser herido el torero es trasladado de la enfermería de Texcoco a su casa en México, y allí murió ocho días después, el 11 de febrero de 1886.
Bernardo Gaviño Rueda, fue un gran torero muy querido por la afición mexicana, ya que muchos escritores de la época lo daban como natural de México, pero en realidad fue un valiente torero andaluz más, que quiso probar suerte en tierras americanas y se quedó allí para siempre. Se que en su pueblo natal Puerto Real se le recuerda con cariño, y saben toda la historia de este valiente torero gaditano que en México vivió y murió.
 
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