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Pasifae y El Zubi

domingo, 20 de diciembre de 2009

“JEREZANO” MURIÓ EN VERACRUZ (MEXICO), DE PERITONITIS A CAUSA DEL TOPETAZO DE UN TORO


Por El Zubi

Manuel Lara Reyes “Jerezano” fue un matador de toros nacido en Jerez de la Frontera (Cádiz) en 1886, que murió con 26 años en Veracruz (México) el 8 de octubre de 1912, a consecuencia de un fuerte topetazo en el bajo vientre propinado por un toro, que sin causarle lesiones externas, le produjo una inminente peritonitis que lo dejó sin vida a las pocas horas del percance.
“Jerezano” era de origen humilde, con antecedentes taurinos en la familia, pues su padre fue banderillero. Trabajaba en el matadero de Jerez y allí se aficionó al toro. Logra torear por vez primera en su ciudad natal el 15 de agosto de 1890, anunciándose con el alias de “El Gato” junto a “Lobito” y “Potoco”. Como su apelativo taurino se prestaba a chanzas y burlas, se presenta en Madrid a torear con el nombre de “Chicorro” un año más tarde, dejando una grata impresión pues practicaba bien todas las suertes. Tras sufrir tremendas cornadas en años sucesivos en Madrid y en La Unión (Murcia), estuvo varias temporadas recuperándose y el público llegó a olvidarlo por completo. Tomó la alternativa en Barcelona el 29 de octubre de 1899, anunciándose ya como “Jerezano”, y lo hace de manos de su tío José Lara “Chicorro”. La confirma en Madrid un año después el 18 de marzo de manos de “Quinito”.
Cansado de que no le contrataran en España, Manuel Lara se marcha a América en 1901, donde realiza durante una década magníficas campañas, ya que obtuvo allí los éxitos que se le negaron en España. Tanto que “Jerezano” fue adoptado casi como un torero mexicano más que español.
El 1912, tras su paso por México, fue contratado para actuar en Veracruz el 6 de octubre, para alternar en un mano a mano con Eduardo Leal “Llaverito”. Al dar los primeros lances de capa a su primer toro para pararlo, el animal lo atropelló de mala manera y le arreó un fuerte topetazo en el bajo vientre, lanzándolo con fuerza contra el suelo. El torero logró levantarse, y aparentemente no tenía ninguna lesión externa, aunque se quejaba de fuertes dolores. Trasladado al hotel murió dos días después, ya en la madrugada del día 8. En México, donde se le quería y admiraba muchísimo, la noticia de su muerte produjo una gran conmoción. A bordo del buque “Buenos Aires” se trasladó a Cádiz su cadáver embalsamado, por orden del marqués de Domecq, amigo y padrino del desafortunado torero, y desde Cádiz fue conducido a Jerez, donde fue sepultado en medio de una gran manifestación de duelo. “Jerezano” fue, según la crítica contemporánea a él, un torero de muchos méritos: inteligente, seguro y completo. Destacó sobretodo como un extraordinario estoqueador.

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